MANUEL DE JESÚS GALVAN
(Publicado en septiembre del 1981, periódico El Cometa).
La vida de Manuel De Jesús Galván fue muy intensa. Nació en la capital de nuestro país en el año 1834. Su primera función pública fue como secretario personal del dictador Pedro Santana.
Fue un entusiasta partidario de la Anexión a España. Durante ese oscuro período ocupó importantes cargos. Segùn se observa, gracias a las reseñas históricas hechas sobre él, era un hombre muy veleidoso. Me contaba en días pasados un distinguido intelectual dominicano, con cuya amistad me siento honrado(pues a pesar de la gran diferencia de edades y de conocimientos me ha permitido penetrar a su círculo de amigos) que en una ocasión Don Eugenio María de Hostos se encontró con su amigo Galván en la histórica calle El Conde y le espetó de esta manera: ”¿Cómo está pensando hoy ese estómago?”.
Pero como quiera que este espacio no es para hacer una cronología de los puestos desempeñados por ese brillante intelectual criollo, voy al grano de inmediato, como diría Alejandro Dumas.
Desde niño sintió el autor de “Enriquillo” un verdadero deseo por las letras. A los 20 años incursionaba de lleno en los predios literarios. A esa edad, en unión con varios jóvenes escudriñadores de la literatura, forma la sociedad cultural “Amantes de las Letras.
Esa institución marcó un hito en las letras vernáculas, pues sirvió de incisivo acicate para los jóvenes de aquel tiempo, que con la aparición de esa sociedad sintieron una ebullición interior por la literatura.
Manuel de Jesús Galván fue el más notable de los novelistas dominicanos del siglo diecinueve. Asombró a toda América Latina con su famosa novela Enriquillo, obra que por su contenido literario y realismo auténtico constituye una verdadera joya literaria que ha enriquecido elocuentemente las letras criollas.
Por su valor histórico y su contenido literario fue incluida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en su colección de obras representativas de la Literatura Universal.
Quien escudriña los actos que han escrito páginas hermosas de nuestra historia difícil y convulsa encuentra en la lectura de Enriquillo el génesis más pródigo de la narración indígena.
He encontrado en esa obra, y en “Mulata de Tal” del guatemalteco Miguel Angel Asturias, cierta afinidad en cuanto al contenido esencial, por la forma aguda y patética en que se narran los episodios más graves de nuestro pasado colonial.
Da la impresión de que Galván, al escribir su obra, sintió en su fuero interno una rebeldía inenarrable y quiso volcar todo cuanto latía en su corazón.
No me explico cómo un hombre con esa mentalidad tan españolizante tuvo el coraje de escribir un libro que, como Enriquillo, es proclive a la denuncia.
Por ejemplo, en Enriquillo se lee un párrafo que resume elocuentemente la rebeldía del jefe indígena cuyo nombre tiene la obra:
“El alzamiento del Bahoruco aparece como una reacción; como el preludio de todas las reacciones que en menos de cuatro siglos hubieron de aniquilar en el Nuevo Mundo el derecho de Conquista”
¡Que prosa tan galana ¡Que contenido tan humano! ¡Que facundia tan notable¡Que derroche de humanitarismo!.
Realmente escribir una obra literaria donde se mezclan, en perfecta armonía, novela, historia, cuento y poesía, no es nada fácil. Se requiere un estudio amplio y un espíritu de indescriptible abnegación.
No se anda despistado si se dice que al escribir su obra cumbre, Galván comprendió que nuestra tierra, la dulce tierra que encantó con una hada a los foráneos navegantes de ultramar, acoge dulcemente en sus ríos, caminos, montañas escarpadas, valles y praderas, alguna narración desconcertante que se debe rememorar para que todo el orbe conozca cosas que parecen nimiedades, pero que en realidad son datos y hechos impredecibles para darle un matiz serio a nuestra historia.
En “Enriquillo” se resalta la límpida figura de Enriquillo, el valiente y sosegado cacique del Bahoruco.
Estoy de acuerdo con lo que dijo el apóstol de la independencia cubana, José Martí, en una carta que envió a Galván el 19 de septiembre del año 1884, fechada en New York. La carta en cuestión dice, entre otras cosas, lo que sigue: “Acabo en este momento de leer su “Enriquillo”.No supe decirle adiós desde que trabé con él conocimiento y quedamos tan amigos, que se lo he de ir presentando a todo el mundo para que me lo alaben, como si fuera cosa mía; lo cual es, por ser como será en cuanto se lo conozca, cosa de toda nuestra América.
En este párrafo elocuente, escrito por uno de los prohombres más ilustres que ha tenido América, se sella definitivamente el gran valor que para las letras nacionales tiene esta obra deslumbrante.
Alguien dijo que Enriquillo es la justicia corrompida. Me inclino reverente a rendir pleitesía a esta digna afirmación.
Desde cualquier ángulo que se le vea, el libro Enriquillo es una escuela que depara a torrente su rico caudal de sabiduría; es una verdadera fuente inagotable de investigación para los jóvenes de esta y todas las generaciones que surjan en el devenir histórico que envuelve nuestra Patria.
El poeta José Joaquín Pérez, que fue muy amigo de Galván, señaló que:
“De un simple párrafo de Herrera y de Las Casas, acerca de las bodas de Diego Velázquez con la noble María de Cuellar ha sacado el autor materia para bellísimas y deliciosas pinceladas sobre los amores de ésta con Juan de Grijalva y la rivalidad del adelantado.
Y hay nada más poético que esa unión de aquellas dos almas hechas la una para la otra, Enriquillo y Mencía que desde los albores de la adolescencia vislumbraron el porvenir de su ventura”.
Galván consideró que es dable la construcción literaria en cuya edificación lo histórico mezclado con lo narrativo puedan ser esquematizado.
Una técnica inmensa y profunda he podido notar en la lectura de Enriquillo y que muy bien supo aquilatar Martí cuando dijo es una “novísima y encantadora manera de escribir nuestra historia americana”.
Muchas personas se preguntan por qué Manuel de Jesús Galván brilla con tanto resplandor en las letras del Continente Americano si sólo escribió un libro.
Se tiene la idea de que el escritor importante es aquel que publica más libros. Nada más falso. La calidad se puede conseguir con un solo libro.
Pero la causa de que Galván sólo escribiera como libro a Enriquillo hay que buscarla en la situación política que prevalecía en el país en la época que a él le tocó vivir.
Es un artículo publicado el 13 de enero del año 1935, en el periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina, el gran humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña se expresa de esta manera:
“Abundaron en la América española, durante el siglo XIX, los autores del libro único. En nuestros primeros cien años de vida independiente resultaba difícil para nuestra inquietud y desasosiego la forma larga y lenta del libro; más difícil aún el imprimirlos... Manuel de Jesús Galván es de los escritores de libro único...Ni antes había escrito otro, ni otro escribió después”.
Galván llama a su obra “leyenda histórica”, pero para Martí no es leyenda, sino historia. No quiere esto decir que sea historia en el sentido clásico, pero historia al fin y al cabo, aunque con la extrema influencia del tipo de historia que de la conquista elaboró el ladino Fray Bartolomé de Las Casas.
Muchos críticos consideran que Galván escribió simplemente para meterse en la moda de la fiebre indigenista de entonces. Otros, en cambio, enarbolan la consigna de que tuvo honda motivación de denuncia contra las injusticias.
De los libros que narran las epopeyas y la vicisitudes de los indios, que he tenido la oportunidad de leer, considero como el más elocuente a Enriquillo. Lo digo a sabiendas de que el indigenismo tuvo sus momentos más brillantes al través de poemas como “La Araucana”, de Alonzo de Encilla. Este poema épico narra la conquista de Chile, a veces inclinado a la tenue procacidad, pero en sentido general noble y heroico, donde se valoriza el nacionalismo intrínseco de los jefes indios Lautaro, Galvarino, Tucapel, Rengo y sobre todo el del grandilocuente Caupolitán.
También son dignos de mención “Bernardo”, de Valvuena y “Fantasías Indígenas”, de nuestro poeta José Joaquín Pérez.
No queda margen a duda que Enriquillo es el más representativo de todos los libros que sobre indigenismo se han escrito en América.
“Parece como que la toma de conciencia sobre injusticia abominables, que asume proporciones siniestras y plurales en Latinoamérica durante esos años, - época del indigenismo- y la militancia de escritores en movimientos revolucionarios encuentran en el relato vías de escape a la delación o a la formulación del documento requisitorio”. Así se expresa Edmundo Valdez en su ensayo sobre la antología del cuento Latinoamericano.
Enriquillo fue un personaje singular. La historia, o más bien los que escriben la historia, no han analizado aún, con toda la fuerza de verdad histórica que se merece, a este personaje. Algunos historiadores dicen que Enriquillo fue conquistado espiritualmente por Europa.
Se sabe, eso sí que el valiente cacique fue educado en la Verapaz por los frailes de San Francisco, y que siempre practicó la religión que allí le inculcaron. Juan de Castellanos en sus Elegías de varones ilustres de Indias, lo llama “gentil lector, buen escribano”.
Pero esa ligazón, que por fuerza de las circunstancias tuvo con los españoles, no impidieron que Enriquillo, ante el acoso inmisericorde de que eran víctimas los de su raza, se sublevara y exigiera respecto para los indios.
Duró catorce años combatiendo a los españoles (1519-1533). Sólo cesó en su tenaz lucha cuando el entonces emperador Carlos V se rindió por medio de una carta que le fue entregada al indómito indio por el capitán Francisco Barrionuevo. Pero antes, además, fray Bartolomé de Las Casas tuvo que penetrar las sierras de Bahoruco a llevar las palabras melifluas de la paz.
Galván y la Política
Por más que uno quiera evadir el tema, no se puede hablar de Galván sin mencionar su papel en la política dominicana. Papel por demás altamente funesto para el país.
Leyendo con perspicacia la carta de Martí a Galván, se nota claramente que el Apóstol no tenía relaciones personales con éste, y no podía tenerlas porque mientras Martí luchaba por una causa nacionalista, Galván se codeaba con los españoles y era un fervoroso anexionista.
En el año 1862 fundó el semanario “La Razón”, en ostensible deferencia hacia la Anexión a España. En ese órgano periodístico, según cuentan los historiadores, lanzó fulminantes diatribas y libelos anatematizantes contra los hombres de la Restauración , tildándolos de “traidores sin fe ni opinión” y llegó a decir y escribir que la “dominación española es el áncora de salud de todos los principios sociales contra los elementos deletéreos que amenazan a Santo Domingo”.
Cuando la guerra de Restauración terminó Galván se radicó en Puerto Rico. Pero por “un designio inescrutable de la naturaleza”, como dijera Meriño, el que asume el poder es Báez, quien abogaba por la anexión a Norteamérica.
Eso hace que muchos restauradores salgan al exilio y allí Galván entabla “amistad” con ellos para conspirar contra Báez.
Pero cuanto un grupo de patriotas de virtudes acrisoladas le pidió que firmara un documento de protesta por la Anexión que quería realizar el macabro dictador Báez, que cual Nerón de nuevo cuño desgobernaba con úcases despóticos al país, se negó, demostrando así su auténtica vocación política antinacional.
El doctor Juan Isidro Jiménez Grullón dice que cuando comenzó a declinar la estrella política de Luperón, Galván se vinculó con Lilís, con cuyo absolutismo quedó a la postre solidarizado.
Fue ministro de Lílis. Eso lo pinta de cuerpo entero. Fue secretario personal de Santana. Voz influyente en los círculos económicos de La Nación.
Es lamentable que no sean más los críticos que le censuren a Galván su sacrílega posición de carácter eminentemente anexionista. Pocos han sido los que se han atrevido a romper, con el ariete de la verdad histórica en las manos, los negros nubarrones tras los cuales se escudaba este personaje.
El intelectual Miguel Aníbal Perdomo dice que “no obstante los méritos de Galván como novelista, su obra no basta para justificar sus torcidas creencias políticas”.
Joaquín Balaguer, en su “Historia de la Literatura Dominicana” le critica la carencia del sentido del paisaje, demostrando de este modo la falta de nacionalismo del célebre novelista.
Realmente Galván fue un hombre paradójico y sorprendente. Uno no se explica cómo un hombre que es capaz de escribir una obra de un profundo contenido social es al unísono capaz de servir y medrar bajo el paternalismo de los más negros y bastardos intereses de su tiempo.
En los tiempos más cruciales en que nuestra tierra sufría las vejaciones más viles de parte de extranjeros protervos que llegaron hasta aquí con el único objetivo de robar y destruir todo cuanto estuviera a su alcance, Manuel de Jesús Galván tuvo la infeliz e infecunda osadía de adherirse sumisamente a los deseos de esos foráneos.
Tuvo el desprestigiado honor de ser uno de los más fervorosos y obsecuentes entreguistas de nuestra tierra a un poderío extraño que traía consigo la cizaña del odio, del latrocinio y de la destrucción de nuestros caros valores.
¡¡Rosas al literato Manuel de Jesús Galván!! ¡¡Espinas al político entreguista y anti dominicano Manuel de Jesús Galván!!
TEOFILO LAPPOT ROBLES
(Publicado en septiembre del 1981,periódico El Cometa).
viernes, 23 de septiembre de 2011
miércoles, 21 de septiembre de 2011
JUAN EMILIO BOSCH GAVIÑO
(Publicado el 20/6/1981, en el periódico El Cometa)
Hablar de don Juan Emilio Bosch Gaviño, en su faceta literaria, es una tarea apasionante; sobre todo si uno es dominicano y ha podido seguir la trayectoria de escritor de este hombre perseverante e incansable trabajador intelectual.
Juan Bosch se inscribe en la lista de los grandes escritores: su fama no se detiene en las fronteras de nuestro continente, ella tiene carácter universal.
De ahí que sea citado por autores tan distantes y que sus obras hayan sido traducidas a los más importantes idiomas. Con justiciera razón ha sido declarado como un maestro en el muy difícil arte de escribir cuentos, que no es lo mismo (como dijera él mismo), que vivir del cuento.
Pero Juan Bosch no sólo escribe cuentos. Su trayectoria intelectual le permite tocar una amplia gama de temas con una habilidad excepcional, por eso no es raro leer una obra de él de historia, o de sociología ora de política, de religión, ora de filosofía.
La Mañosa, La Muchacha de la Guaira, El Oro y La Paz, Cuento de Navidad, Cuentos Escritos en el Exilio, Apuntes sobre el Arte de Escribir Cuentos, David, Biografía de un Rey; Judas Iscariote el Calumniado, Hostos el Sembrador, de Cristóbal Colón a Fidel Castro, Composición Social Dominicana y muchos otros títulos son una muestra digna de fe para testimoniar la señoría de don Juan Bosch en el mundo de las letras.
Bosch es un escritor que no escatima esfuerzos desentrañando la realidad de un mundo plagado de injusticias, un mundo donde la mayor parte de los seres humanos sufren limitaciones que pudieran solucionarse si fuéramos menos egoístas y menos inhumanos.
El, en sus obras, realiza un enfoque tremendo de nuestra realidad. Describe con maestría singular los problemas de nuestro continente, muy especialmente el desenvolvimiento de la vida en los campos y aldeas.
En el cuento “En un Bohío”, Bosch hace una clara descripción del desamparo en que viven millones de seres humanos, situación que, como es lógico suponer, puede ser extendida al mundo entero.
“El bohío era una miseria. Ya estaba negro de tan viejo, y adentro se vivía entre la tierra y el hollín...Había mandado a la hembrita a Naranjal, allá abajo, a una hora del camino; la había mandado con media docena de huevos que pudo recoger en nidales del monte para que los cambiara por arroz y sal...”.
Bosch es un estilista, es un experto en la lengua, y tiene una poderosa imaginación, lo que permite producir obras de gran impacto socio cultural.
Para hablar del Cuento en América Latina hay que señalar un antes y un después de Bosch. Quien dude lo antes dicho sólo tiene que revisar las muchas antologías donde figura con grandes caracteres el nombre de él.
En los libros de Bosch , inclusive los puramente literarios, que como se sabe se prestan mucho a los inventos, hay muy poca fantasía. Son obras con un alto contenido realista. El que los lee está en presencia de dos realidades al fin.
Por ejemplo, en La Mañosa asistimos a un triste episodio ya superado en nuestra accidentada historia como conglomerado humano. En esa novela de Bosch nos narra la forma en que hacían las cosas en la época donde el irrespeto y la bravuconería estaban a sus anchas. Una etapa en la que el pueblo dominicano fue ensangrentado por la falta de una autoridad que sometiera bajo el imperio de la ley a aquellos que no querían comprender que los hechos inciviles atentan contra la seguridad ciudadana. Era la época de las montoneras, del famoso Concho Primo.
Con la novela “El Oro y la Paz” contemplamos la dualidad del género humano: Hay avaros y hay dadivosos, hay malos y hay buenos, hay ambiciosos hasta lo increíble, pero también hay gente que su objetivo es buscar la paz sin tomar en cuenta riquezas materiales.
Alexander Forbes buscaba la paz, y la encontró entre las flores y los árboles; Pedro Yasic buscaba riquezas y encontró mucha desdicha. He ahí la dicotomía de los hombres.
Juan Bosch, que es un sociólogo de vista muy aguda, ha hecho una incursión literaria bastante amplia en los predios de doña muerte.
El Río y su Enemigo, La Muchacha de la Guaira, La Nochebuena de Encarnación Mendoza, Maravilla, La muerte no se equivoca dos veces y otros, enfocan la muerte desde diversos ángulos.
Las grandes desigualdades sociales que hay en el mundo han sido expuestas por Bosch en sus cuentos.
En los Amos observamos a un don Pío sin piedad, un verdadero explotador de la miseria humana, cuyo único norte es el enriquecimiento sin tomar en cuenta nada ni a nadie.
Don Pío tenía un trabajador llamado Cristino al cual le sacó hasta el último juguito: “Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuidado de los terneros”.
El cuento Luis Pie, que ha sido llevado al cine, es una radiografía de la forma en que desenvuelven sus vidas, en los bateyes dominicanos, los picadores de caña haitianos.
La explotación, el robo y las vejaciones de toda índole se unen para formar un conjunto de fatalidades alrededor de los vecinos del oeste vienen en peregrinación económica en busca de algunos pesos.
Luis Pie es un haitiano víctima de una injusta acusación. Sufre todos los martirios que uno pueda imaginarse.
“-¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano!- se oyó vociferar.
“-Ah dominiquen bon, salva a mué, salva a mué para lleva manyé a mon pití”.
“Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente”.
Ese cuento hace mucho que se escribió, es cierto; pero en los actuales momentos la situación de los obreros agrícolas haitianos que viven en el país no está muy distanciada de esa cruda realidad.
En realidad para comentar a Juan Emilio Bosch Gaviño se toma mucho tiempo y espacio y sobre todo gran calibre intelectual, y quien esto escribe no posee ninguna de esas cosas, por lo que debe comprenderse con benevolencia el por qué de la simpleza y la poca extensión de éste, que pretende ser un comentario.
TEOFILO LAPPOT ROBLES
Publicado el 20/6/1981,periòdico El Cometa
(Publicado el 20/6/1981, en el periódico El Cometa)
Hablar de don Juan Emilio Bosch Gaviño, en su faceta literaria, es una tarea apasionante; sobre todo si uno es dominicano y ha podido seguir la trayectoria de escritor de este hombre perseverante e incansable trabajador intelectual.
Juan Bosch se inscribe en la lista de los grandes escritores: su fama no se detiene en las fronteras de nuestro continente, ella tiene carácter universal.
De ahí que sea citado por autores tan distantes y que sus obras hayan sido traducidas a los más importantes idiomas. Con justiciera razón ha sido declarado como un maestro en el muy difícil arte de escribir cuentos, que no es lo mismo (como dijera él mismo), que vivir del cuento.
Pero Juan Bosch no sólo escribe cuentos. Su trayectoria intelectual le permite tocar una amplia gama de temas con una habilidad excepcional, por eso no es raro leer una obra de él de historia, o de sociología ora de política, de religión, ora de filosofía.
La Mañosa, La Muchacha de la Guaira, El Oro y La Paz, Cuento de Navidad, Cuentos Escritos en el Exilio, Apuntes sobre el Arte de Escribir Cuentos, David, Biografía de un Rey; Judas Iscariote el Calumniado, Hostos el Sembrador, de Cristóbal Colón a Fidel Castro, Composición Social Dominicana y muchos otros títulos son una muestra digna de fe para testimoniar la señoría de don Juan Bosch en el mundo de las letras.
Bosch es un escritor que no escatima esfuerzos desentrañando la realidad de un mundo plagado de injusticias, un mundo donde la mayor parte de los seres humanos sufren limitaciones que pudieran solucionarse si fuéramos menos egoístas y menos inhumanos.
El, en sus obras, realiza un enfoque tremendo de nuestra realidad. Describe con maestría singular los problemas de nuestro continente, muy especialmente el desenvolvimiento de la vida en los campos y aldeas.
En el cuento “En un Bohío”, Bosch hace una clara descripción del desamparo en que viven millones de seres humanos, situación que, como es lógico suponer, puede ser extendida al mundo entero.
“El bohío era una miseria. Ya estaba negro de tan viejo, y adentro se vivía entre la tierra y el hollín...Había mandado a la hembrita a Naranjal, allá abajo, a una hora del camino; la había mandado con media docena de huevos que pudo recoger en nidales del monte para que los cambiara por arroz y sal...”.
Bosch es un estilista, es un experto en la lengua, y tiene una poderosa imaginación, lo que permite producir obras de gran impacto socio cultural.
Para hablar del Cuento en América Latina hay que señalar un antes y un después de Bosch. Quien dude lo antes dicho sólo tiene que revisar las muchas antologías donde figura con grandes caracteres el nombre de él.
En los libros de Bosch , inclusive los puramente literarios, que como se sabe se prestan mucho a los inventos, hay muy poca fantasía. Son obras con un alto contenido realista. El que los lee está en presencia de dos realidades al fin.
Por ejemplo, en La Mañosa asistimos a un triste episodio ya superado en nuestra accidentada historia como conglomerado humano. En esa novela de Bosch nos narra la forma en que hacían las cosas en la época donde el irrespeto y la bravuconería estaban a sus anchas. Una etapa en la que el pueblo dominicano fue ensangrentado por la falta de una autoridad que sometiera bajo el imperio de la ley a aquellos que no querían comprender que los hechos inciviles atentan contra la seguridad ciudadana. Era la época de las montoneras, del famoso Concho Primo.
Con la novela “El Oro y la Paz” contemplamos la dualidad del género humano: Hay avaros y hay dadivosos, hay malos y hay buenos, hay ambiciosos hasta lo increíble, pero también hay gente que su objetivo es buscar la paz sin tomar en cuenta riquezas materiales.
Alexander Forbes buscaba la paz, y la encontró entre las flores y los árboles; Pedro Yasic buscaba riquezas y encontró mucha desdicha. He ahí la dicotomía de los hombres.
Juan Bosch, que es un sociólogo de vista muy aguda, ha hecho una incursión literaria bastante amplia en los predios de doña muerte.
El Río y su Enemigo, La Muchacha de la Guaira, La Nochebuena de Encarnación Mendoza, Maravilla, La muerte no se equivoca dos veces y otros, enfocan la muerte desde diversos ángulos.
Las grandes desigualdades sociales que hay en el mundo han sido expuestas por Bosch en sus cuentos.
En los Amos observamos a un don Pío sin piedad, un verdadero explotador de la miseria humana, cuyo único norte es el enriquecimiento sin tomar en cuenta nada ni a nadie.
Don Pío tenía un trabajador llamado Cristino al cual le sacó hasta el último juguito: “Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuidado de los terneros”.
El cuento Luis Pie, que ha sido llevado al cine, es una radiografía de la forma en que desenvuelven sus vidas, en los bateyes dominicanos, los picadores de caña haitianos.
La explotación, el robo y las vejaciones de toda índole se unen para formar un conjunto de fatalidades alrededor de los vecinos del oeste vienen en peregrinación económica en busca de algunos pesos.
Luis Pie es un haitiano víctima de una injusta acusación. Sufre todos los martirios que uno pueda imaginarse.
“-¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano!- se oyó vociferar.
“-Ah dominiquen bon, salva a mué, salva a mué para lleva manyé a mon pití”.
“Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente”.
Ese cuento hace mucho que se escribió, es cierto; pero en los actuales momentos la situación de los obreros agrícolas haitianos que viven en el país no está muy distanciada de esa cruda realidad.
En realidad para comentar a Juan Emilio Bosch Gaviño se toma mucho tiempo y espacio y sobre todo gran calibre intelectual, y quien esto escribe no posee ninguna de esas cosas, por lo que debe comprenderse con benevolencia el por qué de la simpleza y la poca extensión de éste, que pretende ser un comentario.
TEOFILO LAPPOT ROBLES
Publicado el 20/6/1981,periòdico El Cometa
viernes, 16 de septiembre de 2011
MIGUEL DE CERVANTES
(Publicado en junio del año 1981,periódico El Cometa).
Contar con el geniecillo de las musas para pulsar la pluma y parir ideas geniales no es cosa de todo el mundo.
Son, por tanto, seres privilegiados los que pueden hacer maravillas con la pluma y el papel; de ahí que podemos decir sin temor a equivocarnos que son muy pocos los que en cada generación logran descollar en la literatura.
Los grandes escritores de la humanidad forman un hermoso arcoiris, que debe ser contemplado con reverencia por todos; pues ahí se observa la grandeza del ser humano en una de sus manifestaciones más elevadas.
El odio, la envidia y el egoísmo, tres lacras que se anidan en el corazón de muchos humanos, se han lanzado, en el curso de la historia, contra grandes escritores; pero al final la sensatez y la justicia se han impuesto y esos valores olvidados han sido colocados en el lugar que justicieramente les corresponde.
Miguel de Cervantes y Saavedra, por ejemplo, llevó una vida desdichada. Tuvo que realizar labores que estaban muy por debajo de su extraordinaria preparación. Fue mofado por muchos de sus contemporáneos; sufrió vejaciones y golpes de baja calidad moral.
Este personaje singular en las letras universales, fue paje de eclesiástico, alcabalero, soldado, marido infeliz y otras desgracias.
Cervantes, llamado El Manco de Lepanto por haber sido herido en el brazo izquierdo en la batalla del mismo nombre, fue encarcelado varias veces y como si esto fuera poco murió casi en la indigencia y con el espíritu abatido.
Ese genio, que tuvo tantos tropezones en su vida, concibió la feliz idea de escribir la monumental obra conocida en todo en mundo como “El Quijote”.
En la introducción de esa obra dice Cervantes con gran modestia: “...¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”.
Cervantes fue muy polifacético como escritor, es decir, que no incursionó en un solo género literario, sino que escribió novelas, poesías, cuentos y teatro.
Pero por encima de todo, el gran escritor español fue un altísimo novelista. Esta faceta de su vida eclipsó a todas las demás, pues la sublimidad, el donaire y la altura de que hizo galas en este campo no tiene paralelo.
Lenguaje de pura estirpe castellana, precisión en los juicios y alta calidad lírica se observan en la producción cervantina.
Una prueba de lo antes dicho es lo que Cervantes pone en boca de El Quijote: “Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos…”. Extraordinaria metáfora que pone en claro la visión profunda que tenía Cervantes de la vida y la literatura.
El predecía la grandeza y el impacto que tendría su obra (a pesar de lo que dice en su introducción), cuando pone en boca de El Quijote la siguiente expresión: “Dichosa edad y siglo dicho aquel adonde saldrán a la luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en tabla, para memoria de lo futuro”. Y así ha sido.
Entre las obras de Cervantes podemos citar a:
La Galatea, novela pastoril; El Casamiento Engañoso, Rinconete y Cortadillo, picarescas; El Celoso Extremeño, La Gitanilla, La Ilustre Fregona y La Fuerza de la Sangre, costumbristas; El Licenciado Vidriera, de carácter filosófico, bajo las desgracias que envuelven a Tomás Rodaja.
Con su obra “Aventura del Ingenioso Hidalgo Don quijote de la Mancha”, el genio de Cervantes se crece hasta lo inimaginable para dejar al mundo una obra inmortal que ha recorrido los más apartados rincones de la tierra.
Para quien esto escribe, El Quijote es la más alta manifestación literaria de la humanidad. Es la suma, artísticamente encadenada, de las variadas corrientes que existieron en el Renacimiento Español. En ese libro hay material de sobra para analizar la vida española de la época en que se sitúan los hechos narrados y, por extensión de la palabra, se puede analizar en él la vida complicada y a la vez sencilla (valga la paradoja) de los pueblos.
El Quijote es un personaje valeroso hasta la temeridad. Si quien esto escribe fuera el siquiatra Antonio Zaglul colocaría al “enderezador de entuertos” en la escala de los paranoicos.
Su optimismo desbordante se sale de lo racional y he ahí la razón por la que protagoniza acciones increíblemente espectaculares, pero lo cierto es que El Quijote se creía muy juicioso y consideraba un compromiso de honor inevitable todo cuanto hacía.
La confianza que así mismo se tenía no deja margen a la duda. Refiriéndose a su escudero y fiel amigo le dice:
“Sancho amigo... yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos...”
Pero en grandes términos, El Quijote era un hombre amoroso. Todo lo que emprendía era a nombre de su bella Dulcinea del Toboso. Vale decir, que el amor guiaba sus pasos.
Cervantes, porque es como decir El Quijote, era muy amoroso no solo con Dulcinea, sin que esto se interprete como infidelidad... Pone lo que sigue en boca del enamorado Lauso, en su novela inicial “La Galatea”:
“¿Qué lazos, qué redes tiene,
Silena, tus ojos bellos,
que cuanto más huigo dellos,
más me enlazan y detienen?”
El Quijote murió de calentura, Cervantes se la atribuyó a la melancolía que le produjo su derrota o por la disposición del cielo.
En fin de cuentas, Cervantes ideó un personaje muy bien intencionado, pero rodeado por una profunda locura.
Basta este párrafo para comprobar esa situación:
“...Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.
Con Miguel de Cervantes y Saavedra la literatura universal tiene una deuda de gratitud invaluable, pues él simboliza, con sus obras, una de las más elevadas expresiones de la sabiduría humana.
Teófilo Lappot Robles.
(Publicado en junio del año 1981, periódico El Cometa, Higüey,R.D.).
(Publicado en junio del año 1981,periódico El Cometa).
Contar con el geniecillo de las musas para pulsar la pluma y parir ideas geniales no es cosa de todo el mundo.
Son, por tanto, seres privilegiados los que pueden hacer maravillas con la pluma y el papel; de ahí que podemos decir sin temor a equivocarnos que son muy pocos los que en cada generación logran descollar en la literatura.
Los grandes escritores de la humanidad forman un hermoso arcoiris, que debe ser contemplado con reverencia por todos; pues ahí se observa la grandeza del ser humano en una de sus manifestaciones más elevadas.
El odio, la envidia y el egoísmo, tres lacras que se anidan en el corazón de muchos humanos, se han lanzado, en el curso de la historia, contra grandes escritores; pero al final la sensatez y la justicia se han impuesto y esos valores olvidados han sido colocados en el lugar que justicieramente les corresponde.
Miguel de Cervantes y Saavedra, por ejemplo, llevó una vida desdichada. Tuvo que realizar labores que estaban muy por debajo de su extraordinaria preparación. Fue mofado por muchos de sus contemporáneos; sufrió vejaciones y golpes de baja calidad moral.
Este personaje singular en las letras universales, fue paje de eclesiástico, alcabalero, soldado, marido infeliz y otras desgracias.
Cervantes, llamado El Manco de Lepanto por haber sido herido en el brazo izquierdo en la batalla del mismo nombre, fue encarcelado varias veces y como si esto fuera poco murió casi en la indigencia y con el espíritu abatido.
Ese genio, que tuvo tantos tropezones en su vida, concibió la feliz idea de escribir la monumental obra conocida en todo en mundo como “El Quijote”.
En la introducción de esa obra dice Cervantes con gran modestia: “...¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”.
Cervantes fue muy polifacético como escritor, es decir, que no incursionó en un solo género literario, sino que escribió novelas, poesías, cuentos y teatro.
Pero por encima de todo, el gran escritor español fue un altísimo novelista. Esta faceta de su vida eclipsó a todas las demás, pues la sublimidad, el donaire y la altura de que hizo galas en este campo no tiene paralelo.
Lenguaje de pura estirpe castellana, precisión en los juicios y alta calidad lírica se observan en la producción cervantina.
Una prueba de lo antes dicho es lo que Cervantes pone en boca de El Quijote: “Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos…”. Extraordinaria metáfora que pone en claro la visión profunda que tenía Cervantes de la vida y la literatura.
El predecía la grandeza y el impacto que tendría su obra (a pesar de lo que dice en su introducción), cuando pone en boca de El Quijote la siguiente expresión: “Dichosa edad y siglo dicho aquel adonde saldrán a la luz las famosas hazañas mías, digna de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en tabla, para memoria de lo futuro”. Y así ha sido.
Entre las obras de Cervantes podemos citar a:
La Galatea, novela pastoril; El Casamiento Engañoso, Rinconete y Cortadillo, picarescas; El Celoso Extremeño, La Gitanilla, La Ilustre Fregona y La Fuerza de la Sangre, costumbristas; El Licenciado Vidriera, de carácter filosófico, bajo las desgracias que envuelven a Tomás Rodaja.
Con su obra “Aventura del Ingenioso Hidalgo Don quijote de la Mancha”, el genio de Cervantes se crece hasta lo inimaginable para dejar al mundo una obra inmortal que ha recorrido los más apartados rincones de la tierra.
Para quien esto escribe, El Quijote es la más alta manifestación literaria de la humanidad. Es la suma, artísticamente encadenada, de las variadas corrientes que existieron en el Renacimiento Español. En ese libro hay material de sobra para analizar la vida española de la época en que se sitúan los hechos narrados y, por extensión de la palabra, se puede analizar en él la vida complicada y a la vez sencilla (valga la paradoja) de los pueblos.
El Quijote es un personaje valeroso hasta la temeridad. Si quien esto escribe fuera el siquiatra Antonio Zaglul colocaría al “enderezador de entuertos” en la escala de los paranoicos.
Su optimismo desbordante se sale de lo racional y he ahí la razón por la que protagoniza acciones increíblemente espectaculares, pero lo cierto es que El Quijote se creía muy juicioso y consideraba un compromiso de honor inevitable todo cuanto hacía.
La confianza que así mismo se tenía no deja margen a la duda. Refiriéndose a su escudero y fiel amigo le dice:
“Sancho amigo... yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos...”
Pero en grandes términos, El Quijote era un hombre amoroso. Todo lo que emprendía era a nombre de su bella Dulcinea del Toboso. Vale decir, que el amor guiaba sus pasos.
Cervantes, porque es como decir El Quijote, era muy amoroso no solo con Dulcinea, sin que esto se interprete como infidelidad... Pone lo que sigue en boca del enamorado Lauso, en su novela inicial “La Galatea”:
“¿Qué lazos, qué redes tiene,
Silena, tus ojos bellos,
que cuanto más huigo dellos,
más me enlazan y detienen?”
El Quijote murió de calentura, Cervantes se la atribuyó a la melancolía que le produjo su derrota o por la disposición del cielo.
En fin de cuentas, Cervantes ideó un personaje muy bien intencionado, pero rodeado por una profunda locura.
Basta este párrafo para comprobar esa situación:
“...Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.
Con Miguel de Cervantes y Saavedra la literatura universal tiene una deuda de gratitud invaluable, pues él simboliza, con sus obras, una de las más elevadas expresiones de la sabiduría humana.
Teófilo Lappot Robles.
(Publicado en junio del año 1981, periódico El Cometa, Higüey,R.D.).
jueves, 15 de septiembre de 2011
GABRIEL GARCIA MARQUEZ
(Publicado el 15 de agosto del año 1981)
Lo normal en literatura es que el título venda el libro. Con Gabriel García Márquez se produce un fenómeno diferente: su nombre vende como pan caliente sus obras.
La hazaña de este extraordinario escritor radica en la maestría con que pincela sus obras. Maestro del realismo mágico y cultor fino de un amplio repertorio anecdótico; conjugador de las más crudas realidades de nuestra América Latina.
Gabriel García Márquez es un escritor que tiene la gran virtud de convertir en “best-seller” cada libro que lanza al inmenso mercado de lectores.
La sola mención de su nombre es un aval para cualquier título literario. Pero ese encanto maravilloso no ha sido conseguido por azar: ha sido el resultado de una ardua labor estilística e interpretativa de la situación de los pueblos latinoamericanos que se mueven en un marasmo económico-social y en una pobreza cultural espantosa.
Este pulcro escritor es un producto genuino de América Latina. Nació el 16 de marzo de 1928 en Aracataca, un pueblito olvidado del interior selvático de Colombia.
Sus primeros pasos en las letras los inició en el periodismo. En este difícil, pero apasionante oficio pulió su pluma. Luego comenzó a publicar cuentos breves en los suplementos literarios colombianos.
En el año 1955 gana un concurso nacional de cuento con uno titulado Un día después del sábado.
Su primera novela es La Hojarasca. Inmediatamente después sale a la luz pública la crónica Relato de un Náufrago.
En el año 1958 escribe El Coronel no tiene quien le escriba. En 1967 publica Cien Años de Soledad. La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada aparecerá en el año 1969.
El Otoño del Patriarca sale a la luz pública en el año 1975. Este año 1981 se publica Crónica de una muerte anunciada, después de un receso de seis años.
Gabriel García Márquez es un compendio prístino de la literatura latinoamericana. Resume en su estilo los avatares y los sinsabores de los hombres y mujeres que pueblan esta abandonada y esquilmada parte del mundo.
Sus obras, sus personajes, su visión del mundo y del devenir histórico de los pueblos explotados son el más fiel espejo de la realidad de los pueblos ubicados al sur del Río Bravo.
Antes de llegar el llamado boom de la novela latinoamericana, ya García Márquez había publicado varias obras. Sus cuentos eran objeto de críticas favorables. Ojos de perro azul, por ejemplo era analizado en muchos cenáculos culturales.
Pero fue su novela Cien Años de Soledad la que le sirvió de catapulta para colocar su nombre con letras de oro en el escenario literario de la humanidad. Y no era para menos, pues Cien Años de Soledad es lo que se llama una filigrana, es una obra hecha con todo el gracejo que alguien puede imaginarse en un escritor excepcional.
En esa obra genial el escritor nacido Aracataca, Colombia, nos describe las vivencias de un pueblo polvoriento llamado Macondo. Señala con donaire y crudeza la dura vida de sus habitantes. Las necesidades de todo tipo que sufren los habitantes de aquella villa olvidada y la forma de pensar de sus hombres y mujeres.
Este párrafo nos da una idea del ambiente humano allí existente: “...Mientras los Aurelianos eran retraídos, pero de mentalidad lúcida, los José Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trágico...” pág. 159.
Cien Años de Soledad nos brinda la oportunidad de hacer comparaciones valederas de los problemas comunes que mantienen sumergidos en el más inicuo olvido a nuestros países.
Macondo: “Una aldea de veinte casa de barros y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Pág.9.
Si se da una mirada retrospectiva se observa que casi todos los pueblos han surgido de esa manera. Calles polvorientas, una botica, un adivino, un zapatero remendón, un cementerio con cerca de palos y alambres son la carta de presentación de Macondo; y eso ha sido América.
En lo que respecta a los personajes de García Márquez, sobre todo en Cien Años de Soledad, podemos decir que todos se ajustan fielmente al realismo mágico que enarbola el autor.
Quién niega que en cada pueblo del mundo hay una abuela Ursula (esposa de primer José Arcadio Buendía). Mujer previsora. Abuela cautelosa. Madre sometida al cuidado de los suyos.
En “El Coronel no tiene quien le escriba”, nos enseña la forma cruel en que es abandonado un viejo soldado que ha dejado lo más lozano y brioso de su vida en los cuarteles, y después languidece como un tísico cualquiera sin obtener su merecida pensión. Las ansias de ver al cartero en el umbral de la puerta de su casa y la miseria que le rodea crea un cuadro triste en el discurrir vivencial del Coronel Buendía. Ni siquiera tenía zurrapa suficiente para sentir el aroma penetrante del sabroso café tropical.
La Hojarasca es una obra breve, compendiosa, pero grande en la temática que enfoca. En ella se analiza, con todo el fuego de una pluma comprometida con la liberación de los pueblos oprimidos, la explotación sin límites a que son sometidos los pueblos pobres por parte de las empresas transnacionales. Las tristemente célebres bananeras que azotaron a Centroamérica (algunas aún se mantienen con el mismo ánimo) son desnudadas por García Márquez. Hay que ver cómo enfoca este excelso escritor las correrías vandálicas de las transnacionales del banano.
“La Mala Hora” es un radiografía de los problemas políticos colombianos. La demagogia de los politiqueros de mal jaez. El rabulismo de una politiquería ramplona, insulsa, llena de lacras humana es fotografiada por Don Gabo con una agudeza sensacional. Los mismos apuros que vemos diariamente en el convulso mundillo político criollo se pueden observar en esta pequeña obro garcíamarquiana.
En ella se pinta lo típico en el escenario político latinoamericano. Las amenazas de golpes de Estado, la fanfarria de las caravanas partidarias, los ofrecimientos imposibles de cumplir y el trepadurismo social a través de la política.
Por algo es que García Márquez pone en boca de Aureliano Segundo, en Cien Años de Soledad, la siguiente expresión: “La única diferencia actual entre liberales y conservadores, es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”. Página 209.
Con su libro El Otoño del Patriarca, obra muy literaria y nada fácil de interpretar, García Márquez lanza su mirada y pone su pluma en ristre para mostrarnos el aquelarre (¿cabe la palabreja?) de tiranos latinoamericanos.
Respecto al contenido de este libro he leído muy diversas opiniones. El mismo autor ha tenido que intervenir, y ha dicho que esa es una obra escrita para personas que sepan de literatura.
El tirano descrito es el general Alvarado. Puede ser Trujillo, Lilís, Báez, Duvalier, Rojas Pinilla, Dr. Francia, Rosas, Gómez o Pérez Jiménez.
Nos narra, con prosa galana y profundamente filosófica, las vivencias y las expresiones típicas de nuestros tiranos de rompe y raja.
“...Una tarde de enero habíamos visto una vaca contemplando el crepúsculo desde el balcón presidencial, imagínese una vaca en el balcón de la patria, que cosa más inicua, qué país de mierda...”.
Algunos puristas del idioma tildan a Gabriel García Márquez de hacer uso de un lenguaje obsceno y vulgar. No es cierto el señalamiento de marras, pues en muchas de sus expresiones lo que hay es una esquematización irónica de la vida. Un fuerte destello de humor pende, como el hilo de agua en el belfo de un ternero, de su fraseología.
La espontaneidad del lenguaje de los personales es el leit-motiv en el florilegio Garcíamarquiano.
La soledad de la política es la basamenta en que se sustenta El Otoño del Patriarca. La descomposición moral del poder es puesta de manifiesto en esta obra escripturalmente complicada. Los cicerones de la inescrupulosidad son dibujados con maestría (al estilo Picasso) por García Márquez. Los áulicos que siempre abundan en los palacios hacen acto de presencia en esta obra, reflejando con sus actitudes su liliputiense estatura moral.
Lord Aucton, famoso político inglés, señaló que “todo poder corrompe, y el poder absoluto, corrompe absolutamente”. El general Alvarado y todos los tiranos desplazados del poder, que él iba acogiendo en la cúspide de su palacio lleno de gallinazos, era absolutamente corrompidos.
Este general Alvarado tuvo un poder tan grande que “alguna vez preguntó qué horas son y le había contestado las que usted ordene mi general...”. pág.86.
El general Alvarado es el espejo de cualquiera de los despiadados dictadores que han azotado a América Latina con el látigo flamígero de su bestialidad. Creo estar en lo cierto; sino no, véase ese párrafo “...Agarrado de miedo a los trapos de hilachas podridas del balandrán de la muerte y ajeno a los clamores de las muchedumbres frenéticas que se echaban a las calles cantando los himnos de júbilo de la noticia jubilosa de su muerte...”. pág.262.
Otro ejemplo que nos permite poner en paralelo al general Alvarado con Trujillo es en lo referente a la genealogía. Sabido es que el despiadado tirano dominicano descendía por la rama materna de la haitiana Yideta Chevalier y por el lado paterno de un consumado cuatrero de origen español. Pero con su inmenso poder hizo que se “admitiera” que él descendía de los marqueses de Villaverde, en España, y de los duques Chavalier de Francia.
Pues Vean este trocito garcíamarquiano: “...Se había encomendado la misión de escudriñar la vida de Bendición Alvarado (madre del dictador) hasta que no quedara ni el menor rastro de dudas en la evidencia su santidad”. Pág.140.
Pero la demagogia no podía quedarse atrás en las vivencias del general Alvarado, y por eso García Márquez, con esa fina ironía de que hace galas, pone en boca suya, cuando veía acercarse la muerte, lo que sigue:
“... Ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto porque esos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo...”Pág.165.
Con su último libro, Crónica de una muerte anunciada, salido a la luz pública hace un par de meses, García Márquez rompe un largo silencio literario. Esta obra es una novela breve. Algunos han dicho que es más bien un cuento largo.
Este es resumen de ese libro: El rico trashumante Bayardo San Román se casa muy pomposamente con la humilde Angela Vicario, y antes del amanecer la devuelve por no encontrarla virgen. Esta dice que quien la hizo mujer fue el rico joven Santiago Nasar. Los hermanos de Angela, los gemelos Pedro y Pablo Vicario, deciden vengar el estropicio hecho a su hermana.
Anuncian que van a matar a Nasar y casi todo el mundo lo sabe, pero múltiples razones impiden que éste lo sepa.
En esta obra se describen, como una crónica periodística magistralmente trabajada que es, los tabúes, los mitos, las falsas creencias arraigadas con fuerzas telúricas en la idiosincrasia del latinoamericano.El machismo en su más cruda expresión es pincelado con vigor incomparable por el autor.
Muy bien ha dicho el escritor peruano Luis Alberto Sánchez: “Lo que vale es la técnica para ordenar las escenas, la descripción de los personajes, la pintura del ambiente, el lenguaje rico y al par castizo y folklórico con que Gabriel García Márquez nos deleita hasta el horror, pintándonos la atmósfera dentro de la cual germina y llega a su climax el drama”.
Para los estudiosos del derecho esta obra es una valiosa fuente de estudio, pues conduce por los vericuetos del crimen (con más candor que, por ejemplo, en “Crimen y Castigo” de Fedor Dostoievski); es un manantial de intrigas que el criminólogo va desentrañando hasta lograr sustanciar una visión medularmente interesante del hecho.
Con el comentario de esta última obra, que es un intenso relato, cierro estas breves pinceladas literarias sobre Gabriel García Márquez, el más dinámico de los escritores de habla hispana vivientes.
Teofilo Lappot Robles
Publicado en el periódico El Cometa, el 15 de agosto del año 1981.
(Publicado el 15 de agosto del año 1981)
Lo normal en literatura es que el título venda el libro. Con Gabriel García Márquez se produce un fenómeno diferente: su nombre vende como pan caliente sus obras.
La hazaña de este extraordinario escritor radica en la maestría con que pincela sus obras. Maestro del realismo mágico y cultor fino de un amplio repertorio anecdótico; conjugador de las más crudas realidades de nuestra América Latina.
Gabriel García Márquez es un escritor que tiene la gran virtud de convertir en “best-seller” cada libro que lanza al inmenso mercado de lectores.
La sola mención de su nombre es un aval para cualquier título literario. Pero ese encanto maravilloso no ha sido conseguido por azar: ha sido el resultado de una ardua labor estilística e interpretativa de la situación de los pueblos latinoamericanos que se mueven en un marasmo económico-social y en una pobreza cultural espantosa.
Este pulcro escritor es un producto genuino de América Latina. Nació el 16 de marzo de 1928 en Aracataca, un pueblito olvidado del interior selvático de Colombia.
Sus primeros pasos en las letras los inició en el periodismo. En este difícil, pero apasionante oficio pulió su pluma. Luego comenzó a publicar cuentos breves en los suplementos literarios colombianos.
En el año 1955 gana un concurso nacional de cuento con uno titulado Un día después del sábado.
Su primera novela es La Hojarasca. Inmediatamente después sale a la luz pública la crónica Relato de un Náufrago.
En el año 1958 escribe El Coronel no tiene quien le escriba. En 1967 publica Cien Años de Soledad. La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada aparecerá en el año 1969.
El Otoño del Patriarca sale a la luz pública en el año 1975. Este año 1981 se publica Crónica de una muerte anunciada, después de un receso de seis años.
Gabriel García Márquez es un compendio prístino de la literatura latinoamericana. Resume en su estilo los avatares y los sinsabores de los hombres y mujeres que pueblan esta abandonada y esquilmada parte del mundo.
Sus obras, sus personajes, su visión del mundo y del devenir histórico de los pueblos explotados son el más fiel espejo de la realidad de los pueblos ubicados al sur del Río Bravo.
Antes de llegar el llamado boom de la novela latinoamericana, ya García Márquez había publicado varias obras. Sus cuentos eran objeto de críticas favorables. Ojos de perro azul, por ejemplo era analizado en muchos cenáculos culturales.
Pero fue su novela Cien Años de Soledad la que le sirvió de catapulta para colocar su nombre con letras de oro en el escenario literario de la humanidad. Y no era para menos, pues Cien Años de Soledad es lo que se llama una filigrana, es una obra hecha con todo el gracejo que alguien puede imaginarse en un escritor excepcional.
En esa obra genial el escritor nacido Aracataca, Colombia, nos describe las vivencias de un pueblo polvoriento llamado Macondo. Señala con donaire y crudeza la dura vida de sus habitantes. Las necesidades de todo tipo que sufren los habitantes de aquella villa olvidada y la forma de pensar de sus hombres y mujeres.
Este párrafo nos da una idea del ambiente humano allí existente: “...Mientras los Aurelianos eran retraídos, pero de mentalidad lúcida, los José Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trágico...” pág. 159.
Cien Años de Soledad nos brinda la oportunidad de hacer comparaciones valederas de los problemas comunes que mantienen sumergidos en el más inicuo olvido a nuestros países.
Macondo: “Una aldea de veinte casa de barros y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”. Pág.9.
Si se da una mirada retrospectiva se observa que casi todos los pueblos han surgido de esa manera. Calles polvorientas, una botica, un adivino, un zapatero remendón, un cementerio con cerca de palos y alambres son la carta de presentación de Macondo; y eso ha sido América.
En lo que respecta a los personajes de García Márquez, sobre todo en Cien Años de Soledad, podemos decir que todos se ajustan fielmente al realismo mágico que enarbola el autor.
Quién niega que en cada pueblo del mundo hay una abuela Ursula (esposa de primer José Arcadio Buendía). Mujer previsora. Abuela cautelosa. Madre sometida al cuidado de los suyos.
En “El Coronel no tiene quien le escriba”, nos enseña la forma cruel en que es abandonado un viejo soldado que ha dejado lo más lozano y brioso de su vida en los cuarteles, y después languidece como un tísico cualquiera sin obtener su merecida pensión. Las ansias de ver al cartero en el umbral de la puerta de su casa y la miseria que le rodea crea un cuadro triste en el discurrir vivencial del Coronel Buendía. Ni siquiera tenía zurrapa suficiente para sentir el aroma penetrante del sabroso café tropical.
La Hojarasca es una obra breve, compendiosa, pero grande en la temática que enfoca. En ella se analiza, con todo el fuego de una pluma comprometida con la liberación de los pueblos oprimidos, la explotación sin límites a que son sometidos los pueblos pobres por parte de las empresas transnacionales. Las tristemente célebres bananeras que azotaron a Centroamérica (algunas aún se mantienen con el mismo ánimo) son desnudadas por García Márquez. Hay que ver cómo enfoca este excelso escritor las correrías vandálicas de las transnacionales del banano.
“La Mala Hora” es un radiografía de los problemas políticos colombianos. La demagogia de los politiqueros de mal jaez. El rabulismo de una politiquería ramplona, insulsa, llena de lacras humana es fotografiada por Don Gabo con una agudeza sensacional. Los mismos apuros que vemos diariamente en el convulso mundillo político criollo se pueden observar en esta pequeña obro garcíamarquiana.
En ella se pinta lo típico en el escenario político latinoamericano. Las amenazas de golpes de Estado, la fanfarria de las caravanas partidarias, los ofrecimientos imposibles de cumplir y el trepadurismo social a través de la política.
Por algo es que García Márquez pone en boca de Aureliano Segundo, en Cien Años de Soledad, la siguiente expresión: “La única diferencia actual entre liberales y conservadores, es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”. Página 209.
Con su libro El Otoño del Patriarca, obra muy literaria y nada fácil de interpretar, García Márquez lanza su mirada y pone su pluma en ristre para mostrarnos el aquelarre (¿cabe la palabreja?) de tiranos latinoamericanos.
Respecto al contenido de este libro he leído muy diversas opiniones. El mismo autor ha tenido que intervenir, y ha dicho que esa es una obra escrita para personas que sepan de literatura.
El tirano descrito es el general Alvarado. Puede ser Trujillo, Lilís, Báez, Duvalier, Rojas Pinilla, Dr. Francia, Rosas, Gómez o Pérez Jiménez.
Nos narra, con prosa galana y profundamente filosófica, las vivencias y las expresiones típicas de nuestros tiranos de rompe y raja.
“...Una tarde de enero habíamos visto una vaca contemplando el crepúsculo desde el balcón presidencial, imagínese una vaca en el balcón de la patria, que cosa más inicua, qué país de mierda...”.
Algunos puristas del idioma tildan a Gabriel García Márquez de hacer uso de un lenguaje obsceno y vulgar. No es cierto el señalamiento de marras, pues en muchas de sus expresiones lo que hay es una esquematización irónica de la vida. Un fuerte destello de humor pende, como el hilo de agua en el belfo de un ternero, de su fraseología.
La espontaneidad del lenguaje de los personales es el leit-motiv en el florilegio Garcíamarquiano.
La soledad de la política es la basamenta en que se sustenta El Otoño del Patriarca. La descomposición moral del poder es puesta de manifiesto en esta obra escripturalmente complicada. Los cicerones de la inescrupulosidad son dibujados con maestría (al estilo Picasso) por García Márquez. Los áulicos que siempre abundan en los palacios hacen acto de presencia en esta obra, reflejando con sus actitudes su liliputiense estatura moral.
Lord Aucton, famoso político inglés, señaló que “todo poder corrompe, y el poder absoluto, corrompe absolutamente”. El general Alvarado y todos los tiranos desplazados del poder, que él iba acogiendo en la cúspide de su palacio lleno de gallinazos, era absolutamente corrompidos.
Este general Alvarado tuvo un poder tan grande que “alguna vez preguntó qué horas son y le había contestado las que usted ordene mi general...”. pág.86.
El general Alvarado es el espejo de cualquiera de los despiadados dictadores que han azotado a América Latina con el látigo flamígero de su bestialidad. Creo estar en lo cierto; sino no, véase ese párrafo “...Agarrado de miedo a los trapos de hilachas podridas del balandrán de la muerte y ajeno a los clamores de las muchedumbres frenéticas que se echaban a las calles cantando los himnos de júbilo de la noticia jubilosa de su muerte...”. pág.262.
Otro ejemplo que nos permite poner en paralelo al general Alvarado con Trujillo es en lo referente a la genealogía. Sabido es que el despiadado tirano dominicano descendía por la rama materna de la haitiana Yideta Chevalier y por el lado paterno de un consumado cuatrero de origen español. Pero con su inmenso poder hizo que se “admitiera” que él descendía de los marqueses de Villaverde, en España, y de los duques Chavalier de Francia.
Pues Vean este trocito garcíamarquiano: “...Se había encomendado la misión de escudriñar la vida de Bendición Alvarado (madre del dictador) hasta que no quedara ni el menor rastro de dudas en la evidencia su santidad”. Pág.140.
Pero la demagogia no podía quedarse atrás en las vivencias del general Alvarado, y por eso García Márquez, con esa fina ironía de que hace galas, pone en boca suya, cuando veía acercarse la muerte, lo que sigue:
“... Ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto porque esos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo...”Pág.165.
Con su último libro, Crónica de una muerte anunciada, salido a la luz pública hace un par de meses, García Márquez rompe un largo silencio literario. Esta obra es una novela breve. Algunos han dicho que es más bien un cuento largo.
Este es resumen de ese libro: El rico trashumante Bayardo San Román se casa muy pomposamente con la humilde Angela Vicario, y antes del amanecer la devuelve por no encontrarla virgen. Esta dice que quien la hizo mujer fue el rico joven Santiago Nasar. Los hermanos de Angela, los gemelos Pedro y Pablo Vicario, deciden vengar el estropicio hecho a su hermana.
Anuncian que van a matar a Nasar y casi todo el mundo lo sabe, pero múltiples razones impiden que éste lo sepa.
En esta obra se describen, como una crónica periodística magistralmente trabajada que es, los tabúes, los mitos, las falsas creencias arraigadas con fuerzas telúricas en la idiosincrasia del latinoamericano.El machismo en su más cruda expresión es pincelado con vigor incomparable por el autor.
Muy bien ha dicho el escritor peruano Luis Alberto Sánchez: “Lo que vale es la técnica para ordenar las escenas, la descripción de los personajes, la pintura del ambiente, el lenguaje rico y al par castizo y folklórico con que Gabriel García Márquez nos deleita hasta el horror, pintándonos la atmósfera dentro de la cual germina y llega a su climax el drama”.
Para los estudiosos del derecho esta obra es una valiosa fuente de estudio, pues conduce por los vericuetos del crimen (con más candor que, por ejemplo, en “Crimen y Castigo” de Fedor Dostoievski); es un manantial de intrigas que el criminólogo va desentrañando hasta lograr sustanciar una visión medularmente interesante del hecho.
Con el comentario de esta última obra, que es un intenso relato, cierro estas breves pinceladas literarias sobre Gabriel García Márquez, el más dinámico de los escritores de habla hispana vivientes.
Teofilo Lappot Robles
Publicado en el periódico El Cometa, el 15 de agosto del año 1981.
martes, 13 de septiembre de 2011
INQUILINOS AL DETALLE (Prólogo)
Con la publicación de INQUILINOS AL DETALLE, libro surgido de la fértil mente y el depurado don de comunicación que adorna la preclara figura de la profesora Daisy Bethancourt de Baroni, se inicia un nuevo estilo de relatos sociales en las letras dominicanas.
Quienes tengan la fortuna de tener entre sus manos esta obra no querrán desprenderse de su lectura desde que aborden el primero de todos sus maravillosos párrafos.
Estos hermosos relatos de vivencias personales escritos por la profesora Daisy Bethancourt de Baroni cubren, desde el micro mundo que es la relación de ella con los inquilinos de sus inmuebles, el amplio abanico de la cotidianidad de una sociedad tan singular como la nuestra.
Las costumbres, comportamientos y hechos que ella narra en este libro constituyen una perfecta radiografía del barro humano, tanto en sus manifestaciones más excelsas como en sus más degradantes miserias, lo que confirma una vez más el postulado del poeta alemán Goethe cuando decía que el ser humano es la suma de todas las cosas hechas.
La amena descripción de los comportamientos de los protagonistas, con sus virtudes y defectos, hacen de esta obra un auténtico caleidoscopio de vivencias humanas.
La capacidad de observación de la autora y su dominio del arte de escribir, en unidad con su reciedumbre moral y con la dulzura de su carácter, le ha permitido comprimir en la páginas que siguen valiosos trozos de historia, sociología, religión, política, antropología y filosofía, con lo cual el lector tiene ante sí un verdadero banquete para el deleite del espíritu.
Con este libro la profesora Bethancourt de Baroni deja grabado su nombre con letras doradas en las letras criollas; no solo por la correcta redacción que emplea y por la perfecta simbiosis que logró de prosa y décima, esa especial manera de combinación métrica, sino también por la temática que aborda, ya que no se registra en los anales de la literatura dominicana ninguna otra obra con el argumento que sirve de soporte a ésta.
Teófilo Lappot Robles
Publicado en 2005
Con la publicación de INQUILINOS AL DETALLE, libro surgido de la fértil mente y el depurado don de comunicación que adorna la preclara figura de la profesora Daisy Bethancourt de Baroni, se inicia un nuevo estilo de relatos sociales en las letras dominicanas.
Quienes tengan la fortuna de tener entre sus manos esta obra no querrán desprenderse de su lectura desde que aborden el primero de todos sus maravillosos párrafos.
Estos hermosos relatos de vivencias personales escritos por la profesora Daisy Bethancourt de Baroni cubren, desde el micro mundo que es la relación de ella con los inquilinos de sus inmuebles, el amplio abanico de la cotidianidad de una sociedad tan singular como la nuestra.
Las costumbres, comportamientos y hechos que ella narra en este libro constituyen una perfecta radiografía del barro humano, tanto en sus manifestaciones más excelsas como en sus más degradantes miserias, lo que confirma una vez más el postulado del poeta alemán Goethe cuando decía que el ser humano es la suma de todas las cosas hechas.
La amena descripción de los comportamientos de los protagonistas, con sus virtudes y defectos, hacen de esta obra un auténtico caleidoscopio de vivencias humanas.
La capacidad de observación de la autora y su dominio del arte de escribir, en unidad con su reciedumbre moral y con la dulzura de su carácter, le ha permitido comprimir en la páginas que siguen valiosos trozos de historia, sociología, religión, política, antropología y filosofía, con lo cual el lector tiene ante sí un verdadero banquete para el deleite del espíritu.
Con este libro la profesora Bethancourt de Baroni deja grabado su nombre con letras doradas en las letras criollas; no solo por la correcta redacción que emplea y por la perfecta simbiosis que logró de prosa y décima, esa especial manera de combinación métrica, sino también por la temática que aborda, ya que no se registra en los anales de la literatura dominicana ninguna otra obra con el argumento que sirve de soporte a ésta.
Teófilo Lappot Robles
Publicado en 2005
OBISPOS HIGUEYANOS
Livio Mariano Cedeño De la Cruz, con su accionar polifacético, nos vuelve a sorprender gratamente, esta vez con un importante ensayo histórico que describe con finos perfiles históricos el grandilocuente itinerario sacerdotal de tres ilustres higüeyanos.
Obispos Higüeyanos, cual niño precoz, adquirirá el vigor de la adultez desde el mismo momento en que esté en manos de los lectores. Será, por la proyección de su sustancioso contenido, una especie de venero histórico en el cual podrán saciar la sed de aprendizaje todos aquellos que quieran conocer un jirón importante de nuestra región oriental.
Este ensayo es de fácil lectura, primero por la importancia de los temas que lo conforman y segundo por la claridad estilística de su autor y de la potencia dialéctica de sus párrafos.
Este libro tiene la virtud de avivar el acendrado espíritu cristiano de la mayoría de los pobladores del Este, y del país, al contemplar, prueba al canto, el hecho casi milagroso de que un pequeño pueblo, como lo es Salvaleón de Higüey, tenga el inmenso privilegio de contar con una trilogía de distinguidos Obispos de la Iglesia Católica.
Monseñor Juan Félix Pepén Solimán, muchas veces sabio, espíritu singular, humilde, valiente, compromisario de las más justas causas nacionales; Ramón Benito De la Rosa y Carpio, sereno, ecuánime, políglota, erudito, y Pablo Cedano Cedano, brillante, paciente, dedicado.
El recuento sucinto contenido en este libro nos enseña que monseñor Pepén Solimán, timbre de orgullo de todos los dominicanos, abrió la trocha en la espesura, y sus aventajados alumnos han seguido sus pasos como homenaje a su vocación de sacrificio.
Esta obra es una meritoria manifestación de cariño hacia ellos. Los lectores podrán conocer aquí aspectos importantes de esas tres vidas dedicadas al bien común. Esta obra es, además, por propia definición, un compendio prístino de la historia del Obispado de Higüey, con sus múltiples parroquias diseminadas por toda la geografía de la región oriental, sembrando la simiente del amor.
Contiene, también, otros elementos definitorios del despegue económico de la provincia La Altagracia, especialmente en el fascinante mundo del turismo.
Con su Historia de la Provincia la Altagracia y este nuevo libro, el periodista e historiador Livio Mariano Cedeño De la Cruz se convierte, como fruto de su afán de investigador y su amor por su patria chica, en el nuevo cronista histórico de Higüey, lo cual debemos todos aprovechar y estimularlo a que continúe trillando el camino siempre fértil del mundo de las letras.
Teófilo Lappot Robles
Publicado el 3 de agosto de 1996
Livio Mariano Cedeño De la Cruz, con su accionar polifacético, nos vuelve a sorprender gratamente, esta vez con un importante ensayo histórico que describe con finos perfiles históricos el grandilocuente itinerario sacerdotal de tres ilustres higüeyanos.
Obispos Higüeyanos, cual niño precoz, adquirirá el vigor de la adultez desde el mismo momento en que esté en manos de los lectores. Será, por la proyección de su sustancioso contenido, una especie de venero histórico en el cual podrán saciar la sed de aprendizaje todos aquellos que quieran conocer un jirón importante de nuestra región oriental.
Este ensayo es de fácil lectura, primero por la importancia de los temas que lo conforman y segundo por la claridad estilística de su autor y de la potencia dialéctica de sus párrafos.
Este libro tiene la virtud de avivar el acendrado espíritu cristiano de la mayoría de los pobladores del Este, y del país, al contemplar, prueba al canto, el hecho casi milagroso de que un pequeño pueblo, como lo es Salvaleón de Higüey, tenga el inmenso privilegio de contar con una trilogía de distinguidos Obispos de la Iglesia Católica.
Monseñor Juan Félix Pepén Solimán, muchas veces sabio, espíritu singular, humilde, valiente, compromisario de las más justas causas nacionales; Ramón Benito De la Rosa y Carpio, sereno, ecuánime, políglota, erudito, y Pablo Cedano Cedano, brillante, paciente, dedicado.
El recuento sucinto contenido en este libro nos enseña que monseñor Pepén Solimán, timbre de orgullo de todos los dominicanos, abrió la trocha en la espesura, y sus aventajados alumnos han seguido sus pasos como homenaje a su vocación de sacrificio.
Esta obra es una meritoria manifestación de cariño hacia ellos. Los lectores podrán conocer aquí aspectos importantes de esas tres vidas dedicadas al bien común. Esta obra es, además, por propia definición, un compendio prístino de la historia del Obispado de Higüey, con sus múltiples parroquias diseminadas por toda la geografía de la región oriental, sembrando la simiente del amor.
Contiene, también, otros elementos definitorios del despegue económico de la provincia La Altagracia, especialmente en el fascinante mundo del turismo.
Con su Historia de la Provincia la Altagracia y este nuevo libro, el periodista e historiador Livio Mariano Cedeño De la Cruz se convierte, como fruto de su afán de investigador y su amor por su patria chica, en el nuevo cronista histórico de Higüey, lo cual debemos todos aprovechar y estimularlo a que continúe trillando el camino siempre fértil del mundo de las letras.
Teófilo Lappot Robles
Publicado el 3 de agosto de 1996
Preliminar libro sobre Higüey
La historia de un país es la sumatoria de los hechos singulares de los pueblos que lo conforman.
Esa premisa es válida desde cualquier atalaya que sirva de base para enfocar la fenomenología de los puntos culminantes del hombre.
Por ello es digno de encomio que cada pueblo presente al juicio público la argamasa de sus hitos históricos y que relieve con los caracteres indelebles de la imprenta todas las vertientes que le dan razón de ser como núcleo poblacional.
Partiendo de ese detalle hay que recibir con renovado alborozo la fecunda idea del dilecto amigo periodista Livio Mariano Cedeño de la Cruz, quien con esta obra, Historia para la Provincia La Altagracia, detalla el maravilloso discurrir histórico de esta parte del país, al mismo tiempo que constituye un grandilocuente aporte a nuestro parnaso cultural.
La Provincia La Altagracia, cuya fundación data del 27 de febrero de 1963, tiene como eje poblacional a la villa blasonada de Salvaleón de Higüey, fundada por el conquistador español Juan de Esquivel en el lejano 1503. Es un cuadrante de casi quinientos años en uno de cuyos extremos aparece una aldea de aspecto bucólico y del otro lado una ciudad con las cornisas de la vida moderna.
El libro que se presenta a la consideración de los lectores es un arcoiris que abarca la historia tachonada de valentía sin par de los hombres y mujeres que han poblado esta ubérrima zona del país desde el cacique Cayacoa y la bella Adamanay hasta nuestros días.
A través de las sendas deliciosas del esfuerzo documentacional que nos brinda Livio Mariano Cedeño De la Cruz nos encontramos con que los precursores de nuestra nacionalidad siempre recibieron el respaldo militante de nuestros antepasados higüeyanos. Eso significa que como pueblo nuestra parte alícuota en las luchas patrias siempre fue cubierta con creces.
Este libro nos revela el denuedo, el tesón, la gallardía y la altivez con que labraron el futuro y enfrentaron el peligro nuestros mayores.
En sus páginas afloran las más elocuentes pruebas del por qué la mayoría de los historiadores nacionales reservan capítulos especiales para exaltar las fibras patrióticas de los higüeyanos. Sin duda de ninguna especie, nos toca un hilo inmarcesible del cañamaso glorioso de las luchas independentistas y restauradoras.
El autor de Historia para la Provincia La Altagracia demuestra, con las estadísticas a mano, que esta comunidad ha tenido en los últimos veinte años un crecimiento extraordinario en todos los órdenes.
En la páginas siguientes comprobamos que las últimas generaciones de “altagracianos” se han esmerado en el cultivo del intelecto y esta provincia tiene uno de los más elevados índices de profesionales en todas las ramas del saber. Las rémoras sociales y los detritus, que también los hay, son la parte oscura de todo conglomerado humano, sin necesidad para confirmarlo de acudir a la antropología, la sociología o la sicologìa.
La Altagracia es una provincia donde se cultiva con gran interés el cristianismo, siendo el centro de la adoración mariana en el país. La Iglesia Católica siempre ha sido predominante en esta zona, habiendo tenido su etapa de mayor esplendor cuando era pastoreada por el insigne obispo Juan Félix Pepén Solimàn. Las demás denominaciones cristianas también han tenido un crecimiento vigoroso lo cual se comprueba en todos los rincones de la basta geografía de esta provincia.
Nuestra provincia tenía antaño una economía famélica, basada esencialmente en la ganadería extensiva y un comercio cuyo soporte principal eran simples pulperías de menudeo, pero de un tiempo acá la situación se ha revertido positivamente, y aunque aún hay mucho desempleo, ya comienzan a observarse los signos vitales de una economía en franco despegue hacia un desarrollo sostenido, gracias especialmente a que nos hemos transformado en uno de los más vigorosos polos turísticos del área del Caribe, contando con varios resorts de fama mundial.
Este libro tiene la gran virtud de que nos enseña lo que fuimos, lo que somos y qué tenemos que hacer para continuar trazando las vías del progreso. Si hoy somos una provincia cosmopolita, donde habitan seres de las antípodas, eso significa que somos un imán que atrae a muchos, pero no podemos olvidar nuestros orígenes y debemos preservar nuestras esencias primigenias.
La lectura y la asimilación de esta importante obra nos ayudará en mucho a ser celosos guardianes de nuestro pasado, fervientes defensores de nuestro presente y escultores de nuestro futuro.
Teofilo Lappot Robles
Publicado el 3 de agosto de 1995.
La historia de un país es la sumatoria de los hechos singulares de los pueblos que lo conforman.
Esa premisa es válida desde cualquier atalaya que sirva de base para enfocar la fenomenología de los puntos culminantes del hombre.
Por ello es digno de encomio que cada pueblo presente al juicio público la argamasa de sus hitos históricos y que relieve con los caracteres indelebles de la imprenta todas las vertientes que le dan razón de ser como núcleo poblacional.
Partiendo de ese detalle hay que recibir con renovado alborozo la fecunda idea del dilecto amigo periodista Livio Mariano Cedeño de la Cruz, quien con esta obra, Historia para la Provincia La Altagracia, detalla el maravilloso discurrir histórico de esta parte del país, al mismo tiempo que constituye un grandilocuente aporte a nuestro parnaso cultural.
La Provincia La Altagracia, cuya fundación data del 27 de febrero de 1963, tiene como eje poblacional a la villa blasonada de Salvaleón de Higüey, fundada por el conquistador español Juan de Esquivel en el lejano 1503. Es un cuadrante de casi quinientos años en uno de cuyos extremos aparece una aldea de aspecto bucólico y del otro lado una ciudad con las cornisas de la vida moderna.
El libro que se presenta a la consideración de los lectores es un arcoiris que abarca la historia tachonada de valentía sin par de los hombres y mujeres que han poblado esta ubérrima zona del país desde el cacique Cayacoa y la bella Adamanay hasta nuestros días.
A través de las sendas deliciosas del esfuerzo documentacional que nos brinda Livio Mariano Cedeño De la Cruz nos encontramos con que los precursores de nuestra nacionalidad siempre recibieron el respaldo militante de nuestros antepasados higüeyanos. Eso significa que como pueblo nuestra parte alícuota en las luchas patrias siempre fue cubierta con creces.
Este libro nos revela el denuedo, el tesón, la gallardía y la altivez con que labraron el futuro y enfrentaron el peligro nuestros mayores.
En sus páginas afloran las más elocuentes pruebas del por qué la mayoría de los historiadores nacionales reservan capítulos especiales para exaltar las fibras patrióticas de los higüeyanos. Sin duda de ninguna especie, nos toca un hilo inmarcesible del cañamaso glorioso de las luchas independentistas y restauradoras.
El autor de Historia para la Provincia La Altagracia demuestra, con las estadísticas a mano, que esta comunidad ha tenido en los últimos veinte años un crecimiento extraordinario en todos los órdenes.
En la páginas siguientes comprobamos que las últimas generaciones de “altagracianos” se han esmerado en el cultivo del intelecto y esta provincia tiene uno de los más elevados índices de profesionales en todas las ramas del saber. Las rémoras sociales y los detritus, que también los hay, son la parte oscura de todo conglomerado humano, sin necesidad para confirmarlo de acudir a la antropología, la sociología o la sicologìa.
La Altagracia es una provincia donde se cultiva con gran interés el cristianismo, siendo el centro de la adoración mariana en el país. La Iglesia Católica siempre ha sido predominante en esta zona, habiendo tenido su etapa de mayor esplendor cuando era pastoreada por el insigne obispo Juan Félix Pepén Solimàn. Las demás denominaciones cristianas también han tenido un crecimiento vigoroso lo cual se comprueba en todos los rincones de la basta geografía de esta provincia.
Nuestra provincia tenía antaño una economía famélica, basada esencialmente en la ganadería extensiva y un comercio cuyo soporte principal eran simples pulperías de menudeo, pero de un tiempo acá la situación se ha revertido positivamente, y aunque aún hay mucho desempleo, ya comienzan a observarse los signos vitales de una economía en franco despegue hacia un desarrollo sostenido, gracias especialmente a que nos hemos transformado en uno de los más vigorosos polos turísticos del área del Caribe, contando con varios resorts de fama mundial.
Este libro tiene la gran virtud de que nos enseña lo que fuimos, lo que somos y qué tenemos que hacer para continuar trazando las vías del progreso. Si hoy somos una provincia cosmopolita, donde habitan seres de las antípodas, eso significa que somos un imán que atrae a muchos, pero no podemos olvidar nuestros orígenes y debemos preservar nuestras esencias primigenias.
La lectura y la asimilación de esta importante obra nos ayudará en mucho a ser celosos guardianes de nuestro pasado, fervientes defensores de nuestro presente y escultores de nuestro futuro.
Teofilo Lappot Robles
Publicado el 3 de agosto de 1995.
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