sábado, 14 de noviembre de 2020

GUZMÁN, HEMINGWAY Y ALLENDE (SUICIDIOS)

 

 SUICIDIOS HISTÓRICOS (I): GUZMÁN, HEMINGWAY y ALLENDE

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El suicidio es un hecho trágico que no ha tenido plena explicación ni por especialistas  e investigadores en la conducta humana, con su ancho campo especulativo, ni por las religiones que en el mundo hay.

Muchos filósofos, criminólogos y antropólogos que han abordado el tema, reflejando al ser humano en sus líneas corporales y espirituales, tampoco han avanzado lo suficiente como para esparcir un criterio firme al respecto.

Ni siquiera  hay avances notables sobre los suicidios en la esfera de la tanatología médico-legal que, por abarcar un amplio campo del estudio de la muerte, incluyendo la fase de la agonía, uno presume mayores posibilidades para explicar  a los suicidas.

Muchos autores se han referido al suicidio y a los suicidas, explayándose en comentarios generales sobre factores biológicos, genéticos, psicológicos, económicos, ambientales, etc., pero el punto final se les escapa.

 Expertos que han abordado el suicidio incluso han hecho intercalaciones de los aspectos señalados precedentemente con reguladores de las emociones de cada persona, pero siempre quedan ripios sueltos en esos análisis.

Ni los exégetas de la teología moral ni los que manejan las coordenadas de los diversos sistemas legales (más allá del mundanal ruido de los tribunales) han podido explicar de manera convincente un tema que en cada caso tiene variantes que causan perpeplejidad y que por lo tanto se internan en lo que se denomina la casuística.

El profesor chileno de medicina legal Hernán Silva Silva destaca en su obra Medicina legal y psiquiatría forense “la importancia de la aplicación de los conocimientos médicos y de la biología a la investigación y solución de asuntos judiciales y legales.” Sin embargo, soslaya el tema del suicidio. Así muchos otros investigadores y especialistas se van por la tangente cuando de suicidas se trata.1

Sólo ha habido reflexiones aproximativas sobre los motivos que pueden llevar a un ser humano a poner sorpresivamente fin a su vida.

La verdad rotunda es que son tan diversos y particulares los elementos individuales que convergen en el suicida que entre la amplia ramazón de expertos no existe una posición concluyente con relación a los por qué de la decisión de una persona para suprimir su propia vida.

Es por esa nebulosa que rodea el suicidio que siempre habrá conjeturas cuando una persona dispone de su vida, al margen incluso de cualquier expresión escrita u oral que haya dejado como explicación de su decisión.

La psicóloga dominicana Rosa Mariana Brea Franco, con una larga hoja de excelentes servicios al país, poseedora de una autoridad sobre los temas que aborda, expresa en su obra El Duelo, lo siguiente:

“Las razones por las que una persona decide quitarse la vida resultan muy complejas, y, en algunos casos, hasta misteriosas. Cada caso es único y particular, y deben analizarse muchos factores que pueden incidir en el mismo. El suicidio es una coalición de fuerzas internas y externas…”2 

 

Antonio Guzmán Fernández

 

La madrugada del 4 de julio de 1982 se suicidó el entonces Presidente de la República Dominicana, Antonio Guzmán Fernández. Tenía 71 años de edad. El escenario fue una habitación del Palacio Nacional.

Faltaban 43 días para terminar su mandato presidencial de 4 años cuando una bala disparada por él mismo puso fin a su vida. El país recibió con perplejidad la noticia y la  incertidumbre se apoderó de la población.

Cagatintas y  reporteros se dedicaron a publicar con mucho desparpajo crónicas, reportajes, folletos y libros señalando los supuestos motivos que llevaron al presidente Guzmán Fernández a suicidarse. Varios de ellos admitieron luego que cumplían encargos políticos, en condición de remunerados.

Otros, que no entran en el encasillado anterior, también abordaron el suicidio de Guzmán desde ángulos diferentes. Es el caso del crítico literario José Rafael Lantigua quien, sin aportar pruebas al respecto, escribió en su libro titulado La conjura del tiempo lo siguiente: “…Antonio Guzmán, abrumado por las contingencias y deprimido por las inconsecuencias, conmutó las penas y penalidades de sus propios partidarios con su suicidio, justo la víspera de la efemérides partidaria más celebrada por su organización…”3

Un libro que sí contiene informaciones verosímiles sobre el tema es el titulado Partidos, Políticos y Presidentes Dominicanos. Su autora, la destacada periodista  Ángela Peña,  incluyó en el mismo una amplia entrevista que les hizo a la hija y al yerno de Antonio Guzmán Fernández, quienes compartieron con él el poder.

Los detalles que aparecen en dicha obra sobre los últimos días del presidente suicida permiten tener una mejor perspectiva del gobernante en sí y del hombre visto en su mismidad. Juan Bosch, en el prólogo de  dicha obra, escribió lo siguiente: “Cuando Ángela Peña se propuso escribir acerca de los partidos políticos dominicanos escogió el tema más difícil que podía ocurrírsele a cualquier  historiador, ensayista o periodista…A pesar de todas las dificultades con que tropezó, poniendo en juego una tenacidad encomiable, Ángela Peña llevó a cabo su trabajo...”4

En su comentada obra Memorias de un cortesano de la “Era de Trujillo” Joaquín Balaguer también escribió sobre el suicidio del presidente Guzmán. Se lo atribuyó a “un desequilibrio emocional” a una “crisis depresiva”; aunque admitió que: “Es ésta, desde luego, una impresión de quien esto escribe.” Antes de esa aclaración expresó que fue una “decisión trágica que privó al país de uno de los políticos de garras más firmes y de uno de sus hombres que reaccionó siempre con mayor entereza ante las adversidades.”5 

En el año 1963 Antonio Guzmán Fernández había sido el Secretario de Estado de Agricultura del derrocado gobierno de Juan Bosch. En el tramo final de la guerra de abril de 1965 su nombre fue de los que se barajaron para encabezar un gobierno provisional.

Un análisis de su gestión de gobierno, iniciada el 16 de agosto de 1978, coloca al mandatario suicida entre los mejores que ha tenido el país, pues sus ejecutorias propiciaban en sentido general el bien colectivo. Eso no significa que no hubiera falencias en su administración.

La angustia que provocó su muerte inesperada pudo ser superada por una cadena de factores cuyos eslabones no hay que desmontar en estas simples notas.

Al asumir la primera magistratura de la Nación, el 16 de agosto de 1978, le correspondió a Guzmán Fernández desmantelar un amplio entramado de arbitrariedades que operaban tanto en los cuarteles militares y policiales como en oficinas de encumbrados burócratas, así como en centros particulares donde se movían con avidez y actitudes insaciables operadores de grandes negocios que funcionaban en las periferias del poder mediante contratas de obras estatales sobrevaluadas, contrabandos de mercancías, extorsiones y otros ilícitos que afectaban las inversiones públicas.

Encontró las arcas estatales en mínimos y tuvo que enfrentar las devastaciones del ciclón David y la tormenta Federico, amén de otros escollos que limitaban el impulso de la economía nacional.

Pero lo anterior no ha sido un valladar para que los juicios serenos se inclinen a evaluar en términos positivos su obra de gobierno.

 

Ernest Hemingway

 

Ernest Miller Hemingway nació el 21 de julio de 1899 en una pequeña ciudad situada en el extrarradio de la ciudad de Chicago, Illinois, EE.UU.

Se suicidó con un disparo de escopeta el 2 de julio de 1961, en la ciudad de Ketchum, en el estado de Idaho, entre las Montañas Rocosas, en el Oeste estadounidense. Tenía 61 años de edad.

Su padre, médico y aficionado como él a la pesca y la cinegética, se suicidó en el 1928.Así también terminaron sus días otros familiares colaterales del famoso escritor.

Al momento de su muerte auto infligida Hemingway padecía varios problemas de salud y tenía dependencia alcohólica que fue incapaz de superar.

No sé como encajar ese día con lo que él escribió refiriéndose a una de sus criaturas de ficción: “conoció la angustia y el dolor pero nunca estuvo triste una mañana.” Tal vez ese fatídico domingo de verano estaba alegre, quién sabe.

 No dejó ninguna nota explicando su decisión, lo que provocó que llovieran las especulaciones sobre su muerte. Uno que otro, sin sindéresis, hasta llegó a especular que fue un accidente.

Es oportuno recordar que Hemingway fue corresponsal de guerra en diversos lugares del mundo; pero también fue un hombre a quien le gustaba la diversión, practicaba la cacería, la pesca, disfrutaba la corrida de toros. Era, además, un reconocido gourmet.

Tenía casas en diversos lugares del mundo. En Cuba vivió durante varios años, en un  pequeño pueblo de costa marina llamado Cojímar, a pocos kilómetros al Este de La Habana. Eran famosas las fiestas en su finca La Vigía. Ahora es un museo que incluye el yate de recreo en el que realizaba épicas jornadas de pesca, aunque sin Santiago, el protagonista de su relato El viejo y el mar.

 Era un asiduo visitante del famoso bar habanero El Floridita,  donde el daiquirí es  el trago más solicitado, pero él consumía ginebra con agua tónica. Allí tienen una estatua de su más famoso cliente.

Tal vez la prueba más significativa de la personalidad de Hemingway, y a la vez de su vinculación con ese lugar de diversión caribeña, la dio el gran dramaturgo Tennessee Williams, uno de los más reconocidos clásicos de la literatura de los EE.UU., quien describe en sus memorias lo siguiente:

“De modo que fuimos al Floridita, la guarida nocturna y diurna de Hemingway cuando no estaba en el mar, y nuestro anfitrión no pudo resultar más encantador ni más distinto de lo que yo había imaginado. Esperaba encontrarme con una especie de supermacho apabullador y malhablado, y fue todo lo contrario: Hemingway me pareció un caballero y un hombre dotado de lo que yo llamaría una timidez enternecedora.”6

Otros han escrito que Hemingway era narcisista, bipolar y que actuaba generalmente con un comportamiento que denotaba una vocación autodestructiva. Así no opinan los asiduos a la Bodeguita del Medio, un pequeño bar habanero con solera, donde cuidan con esmero un mensaje suyo elogiando la exquisitez de una bebida llamada el mojito.

 

En el 1953 le otorgaron uno de los premios Pulitzer, administrados desde el año 1917 por la Universidad de Columbia, en New York.

Esos premios tienen una alta categoría en los EE.UU. Con ellos se han reconocido durante más de cien años a periodistas, escritores, músicos y personalidades destacadas en otros renglones, que era la voluntad de su creador, el editor Joseph Pulitzer, quien abogaba por la exaltación de los talentos.

En el 1954 le otorgaron el premio Nobel de Literatura, en justo reconocimiento a la calidad, profundidad y perdurabilidad de su narrativa.

Sus adversarios, que los tenía, se lanzaron en tromba a criticar ese supremo galardón de las letras universales. Era el típico reconcomio nacido de la envidia de algunos escritores y críticos literarios. La obra de Hemingway se mantiene en el tope de la literatura y el chillido de los otros quedó sepultado para siempre.

Razón tenía el escocés Steward Sanderson, quien por más señas fue rector de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, y reconocido como una autoridad en el estudio filológico de la obra literaria hemingwayana, al señalar que: “…siendo cierto que Hemingway no se preocupó gran cosa por los círculos literarios, sí en cambio, se preocupó muy en serio por la literatura y por sus relaciones con la vida.”7

Su discurso de aceptación de ese galardón fue de sólo 7 párrafos. El último es una estampa viva de ese hombre excepcional: “Como escritor he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco.”8

 Es larga la lista de obras publicadas por Hemingway. Casi todas han tenido gran demanda de lectores y han  trascendido en el mundo de las letras por la calidad y el mensaje que contienen. Hacer un recuento de las mismas no es importante en estas breves notas.

Una de las experiencias más dramáticas que vivió Hemingway se produjo en la Primera Guerra Mundial. Entonces era un inquieto veinteañero que se desempeñaba en Italia como conductor de ambulancia, al servicio de la Cruz Roja Internacional.

Su libro El río de dos corazones fue como una especie de catarsis, con un personaje que lo simbolizaba a él en medio de la Naturaleza, buscando espantar de su mente los fantasmas de la primera gran guerra de los tiempos modernos.

En su obra titulada Muerte en la tarde, que aunque está centrada en las corridas de toros en las fiestas de San Fermín en Pamplona, España, y en la historia taurina en sentido general, también abarca otros aspectos de su vida y su visión sobre el miedo y la valentía, Hemingway hace en ella un pormenorizado recuento de los terribles momentos que vivió, incluso porque fue gravemente herido y casi pierde la vida, en Milán, al norte de Italia.

Uno de los párrafos más conmovedores de esa obra, (publicada originalmente en New York, en el 1932) y que refleja el talante del gran escritor que ya era, se refiere a una operación de rescate en una fábrica de municiones que reventó con el personal adentro: “Me acuerdo que, después de haber buscado los cuerpos completos, se recogieron los pedazos.”9

Salvador Allende Gossens

El médico y dirigente político chileno Salvador Allende Gossens había aspirado varias veces a la presidencia de Chile. Había sido Senador y  desde hacía años era una prestante personalidad de la vida pública de su país.

En el 1970 fue el candidato presidencial más votado. Logró formar una coalición de partidos que le permitieron alcanzar la  primera magistratura de su Nación.

Su triunfo en las urnas electorales no sería un suave tránsito. Tenía el camino minado por fuerzas internas y externas que le adversaban de una manera feroz, tanto por motivos ideológicos como por intereses económicos.

El 25 de octubre de 1970 sectores de ultra derecha asesinaron en una emboscada al general René Schneider Chereau, entonces Jefe del Ejército de Chile, quien no se había prestado a ser parte de una incipiente conspiración contra el orden constitucional.

Tal vez fue ese el puntillazo inicial de las labores que sobre el terreno desarrollaron  agencias del gobierno de los EE.UU. en conchupancia con grupos cívico-militares chilenos para impedir que Allende ascendiera al solio presidencial.

Los informes más confiables indican que el presidente de Chile Salvador Allende Gossens se suicidó la dramática mañana del 11 de septiembre de 1973, cuando comprendió que militarmente le era imposible revertir la situación. El suicidio de él tuvo su origen directamente conectado con los acontecimientos infernales desencadenados desde la noche anterior por la cúpula militar de aquel alargado país del  Océano Pacífico en su desplazamiento por Sudamérica.

En la víspera muchos de los altos mandos militares y de carabineros carentes de honor, en contubernio que grupos económicos del más rancio conservadurismo y el neo fascismo chileno, con el abierto apoyo de la administración del presidente estadounidense Nixon, decidieron dar un golpe de Estado al presidente Salvador Allende, sumiendo a Chile en una larga etapa de terror.

En un libro de denuncia titulado Estos mataron a Allende, el periodista chileno Robinson Rojas (que no cree en el suicidio del presidente y que lo culpa junto a otros de tomar un camino equivocado, permitiendo así el crecimiento del fascismo) resalta que “Salvador Allende murió como un héroe; eso no lo duda nadie en todo el mundo...murió combatiendo conscientemente, sin esperanza de salir vivo de la situación si no se rendía. Y no se rindió.” Dicho autor cree, como simple enunciación teórica, que se produjo un magnicidio y que los asesinos de Allende fueron “generales y almirantes en Santiago de Chile, y también generales y almirantes en Washington.”10

En la madrugada del día de la hecatombe en las calles santiaguinas, y el suicidio en el palacio de La Moneda, salieron miles de soldados de los cuarteles y bases militares, aéreas y navales para someter al pueblo chileno a un terror nunca antes visto allí.

Fueron los mismos hombres de uniformes y civiles desalmados que luego asesinaron a miles de chilenos amontonados en estadios, cuarteles y dependencias militares, y que hicieron parte de la tristemente célebre Caravana de la Muerte, aquel cortejo lóbrego que recorrió el país cometiendo inimaginables barbaridades con categoría de crímenes de lesa humanidad.

 De los muchos elementos probatorios del laborantismo que había en curso desde el 1970 para hacer sucumbir la democracia chilena basta con citar dos informaciones públicas:

En la edición del 8 de septiembre de 1974 el periódico New York Times publicó parte de un testimonio dado en el Senado de los EE.UU. por el entonces jefe de la CIA William Colby, en el cual admitió el involucramiento del gobierno estadounidense en labores desestabilizadoras contra Salvador Allende. Estaban moviéndose desde antes del proceso electoral del año 1970.

A su vez, el 17 de septiembre del referido1974 las agencias de noticias internacionales recogieron las declaraciones que en rueda de prensa dio en la Casa Blanca el presidente Nixon admitiendo con sus conocidas truchimanerías la participación de su gobierno en los trágicos hechos ocurridos en Chile el año anterior.

El hostigamiento contra el gobierno de Allende fue permanente y sin un solo día de descanso. El gobierno estadounidense en pleno actuaba como una activa y decisiva  fuerza operante en Chile.

Todos los actores políticos, militares, económicos y otras esferas no menos importantes tenían conocimiento de lo que se movía. A menos de 4 meses de su derrocamiento Allende pronunció un discurso en el que señalaba lo siguiente:

“El paro de octubre pasado ha sido el intento de mayor envergadura para impedir la consolidación y el avance de los trabajadores en la dirección del país. Sus efectos inmediatos produjeron una pérdida superior a los doscientos millones de dólares.”11

Es importante señalar, por su relieve histórico, que Henry Kissinger, un halcón ahora nonagenario, cuyo lenguaje vehicular fue siempre imponer en cualquier lugar del mundo la fuerza de los EE.UU., fue el brazo ejecutor de los trágicos acontecimientos de 1973 en Chile.

Ese hombre de mente brillante puesta al servicio de la maldad repetía con frecuencia que era “moralmente aceptable”  destruir al gobierno de Allende, lo cual conllevó miles de asesinatos, torturas, exilio, cárcel y la quiebra de la democracia chilena.

El presidente Allende y el pueblo chileno no fueron ni los primeros ni los únicos que sufrieron el acoso y derribo de los EE.UU., con Kissinger como principal actor.

Los desclasificados papeles del Pentágono, de la Central de Inteligencia, de la Seguridad  y del Departamento de Estado son una mina informativa sobre los trabajos de fontanería realizados para socavar a gobiernos democráticos de otros países. Son los llamados trabajos sucios hechos sobre la base del poder de esa potencia mundial.

Un ejemplo de lo anterior fue el derrocamiento que en el 1974 sufrió el primer presidente de la República de Chipre, el Arzobispo cristiano ortodoxo Makarios III. La acción fue tomada por la Dictadura de los Coroneles de Grecia, pero las órdenes las impartió Kissinger.

En el libro Entrevista con la Historia, de Oriana Fallaci, Makarios testimonió que en su defenestración “Fue Kissinger quien puso el semáforo en verde.”12

 

Bibliografía:

1-Medicina legal y psiquiatría forense. Editorial Jurídica de Chile.Impresores Salesianos,1991. Hernán Silva Silva.

2-El Duelo. Un camino hacia la transformación.Impresora Amigo del Hogar, 2007.P83.Rosa Mariana Brea Franco.

3-La conjura del tiempo.Impresora Amigo del Hogar,1994.P432. José Rafael Lantigua.

4-Partidos, políticos y presidentes dominicanos. Editora Lozano, 1996. Ángela Peña.

5-Memorias de un cortesano de la “Era de Trujillo”. Obras Selectas.Tomo IX. Editora Corripio, 2006.Pp663-666. Joaquín Balaguer.

6-Memorias. Editorial Bruguera, primera edición,2008.P112. Tennessee Williams.

7-Hemingway.Editorial Epesa, Madrid, España,1972.P14. Steward Sanderson.

8-Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura,1954. Estocolmo.Suecia. Ernest Hemingway.

9-Muerte en la tarde (Death in the afternoon). Editorial Gaceta Ilustrada,1966.  Ernest Hemingway.

10-Estos mataron  a Allende.Ediciciones Martínez Roca, Barcelona, España,1974.Pp7 y 8. Robinson Rojas.

11-Discurso.21-mayo-1973.Palacio de La Moneda. Santiago, Chile.Salvador Allende.

12-Entrevista con la historia.Editorial Noguer,1986.P559. Oriana Fallaci.

Publicado el 14 de noviembre del 2020. Diario Dominicano.

sábado, 7 de noviembre de 2020

HÉCTOR DOTEL MATOS

 

HÉCTOR DOTEL MATOS: POETA, JURISTA, ENSAYISTA, SOCIÓLOGO, DOCENTE, DOCTRINARIO Y ACADÉMICO

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El doctor Héctor Dotel Matos, con profundas raíces en su tierra natal de San Juan de la Maguana, es una personalidad extraordinaria y con un sitial bien ganado tanto en el parnaso dominicano como en otras esferas de la vida nacional.

Su nombre es particularmente valorado en el foro de los abogados que postulan en los estrados de los tribunales del país, por su larga y limpia trayectoria como abogado litigante; consultor jurídico, funcionario de alto nivel en instituciones estatales; así como por su probidad y apego a la justicia cuando en el pasado le correspondió ser juez y ministerio público.

Su consagración como profesor en diversos centros de educación superior del país ha dado sus frutos en canteras de profesionales que han libado en sus muchos saberes como catedrático de gran vigor y dominio de los temas jurídicos.

Las enseñanzas del profesor Dotel Matos en academias de Francia, especialmente en la universidad de Poitiers, quedaron registradas como un timbre de orgullo para el pueblo dominicano.

Se formó desde muy joven para creer en las normas legales, y en los alcances definitorios de las nociones jurídicas. Por ello no pocas veces cuando penetraba a las aulas de las universidades donde brilló como docente, por su sapiencia y facilidad didáctica, abordaba con holgura conceptual todas las interioridades de la llamada ley de Hume, basada en la eterna dicotomía del ser y del deber ser.

El profesor Dotel Matos retornó a la República Dominicana después de haber profundizado en sus conocimientos académicos en Francia. Egresó de la misma alma mater donde estudiaron el gran filósofo René Descartes y otros  personajes de fama universal.

El transcurrir del tiempo, su alforja de conocimientos teóricos y el cúmulo de experiencias obtenidas en la práctica del diario vivir, lo transformaron en un doctrinario en diferentes ramas del Derecho.

Las reflexiones sobre temas de derecho, con su adobo sociológico, del profesor Héctor Dotel Matos se han convertido en fuente de constante consultas entre profesores, estudiantes, abogados en ejercicio y escritores que incursionan en los áridos temas jurídicos.

Como académico, con profundos conocimientos sobre las circunstancias sociales que han ido vertebrando al pueblo dominicano, y con el dominio de su principal especialidad (dos veces doctor en Derecho y poseedor de varios diplomados), hace con frecuencia grandes aportes colectivos en asuntos variopinto, enriqueciendo así los tesoros de la cultura dominicana.

El doctor Héctor Dotel Matos es miembro distinguido de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, pero más allá de esa respetable entidad, y no obstante  su gran valía intelectual, su integridad a toda prueba y su proverbial jovialidad,  nunca ha hecho presencia ostentosa en conocidos cenáculos en los cuales algunos “sabios” criollos están anclados y sujetados por potentes garfios. Son fabricantes y repartidores de premios y también asignan a su mejor conveniencia sillones en algunas entidades anquilosadas.

Oportuno es decir que en nuestro país es una archi conocida y bochornosa práctica de camarillas de “los mismos de siempre” (figurantes de cócteles sociales) que actúan con el comportamiento del uróboro, ese ser mitológico que siempre vuelve a morderse la cola, en un constante vaivén, retornando al mismo lugar.

Al escuchar de viva voz las opiniones del profesor Dotel Matos y leer sus libros y ensayos se comprueba que él no ha convertido el reposo hogareño en pasividad. La fragua familiar en su  expansiva comodidad le sirve para exprimir de su caletre las más variadas y sustantivas ideas con las cuales esclarece conceptos y expone con sorprendente lucidez  una amplia gama de temas de interés colectivo.

En todas las facetas de su esplendente carácter se ha mantenido activo, incluso ya en el otoño memorioso de su vida. Nunca ha sido indiferente a lo que pasa en el país y fuera de las fronteras dominicanas.  

El profesor Dotel Matos es inagotable extrayendo nuevas producciones de la veta marmórea de su conciencia, ora burilando filigranas de poemas, ora analizando leyes, interpretando fenómenos sociales, explicando causas y efectos de hechos políticos, asesorando instituciones públicas y privadas; lanzando a modo de bengala advertencias sobre diversos tópicos de interés para el presente y el futuro de la nación dominicana, etc.

El poeta

Si se parte de la época de sus primeras publicaciones poéticas se puede afirmar que Dotel Matos está clasificado, en el fértil terreno de la poesía dominicana, dentro de la Generación de los años 60s del siglo pasado.

 Esa camada (dicho en su quinta acepción) de escritores apareció en el escenario de las letras nacionales luego de que desaparecieran las cortapisas dictatoriales, cuando ya sólo quedaban reflejos de las mordazas de esos censores oficiales que, como el graznido lúgubre de auras tiñosas, con sus picos cortos y ganchudos, impedían cualquier manifestación de disidencia, aunque ésta fuera en forma de versos.

Se puede afirmar, sin menoscabo de la verdad, que Héctor Dotel Matos surgió a la luz pública como poeta de envergadura, con partos literarios que sobrevivirán su presencia en la tierra, cuando en el país quedó atrás “la inquisición literaria.” 

Eran los tiempos (como bien lo escribió el crítico literario Pedro Peix) en que “existía un gran regocijo, un gran clamor por transformar una realidad que aún pervivía caldeada de impurezas…Era una realidad que parecía renacer sin vértebras precisas….”1 

Sus poemas no están encasillados en ninguna corriente literaria en particular, sino que él los lanza en surcos con la precisión de un experto en siembra al voleo. La lectura  de su obra lleva al reconocimiento de que se trata de un poeta de verdad, cuyo numen  está en diapasón con una lira que siempre se mueve en un nivel de excelencia.

Su estro recoge en clave de poesía un amplio abanico de opciones que se desparraman desde su pensamiento social hasta sus emociones más íntimas.

Sin embargo, al hacer un paneo en varias de las antologías poéticas de facturas sectarias que se han publicado en el país en las últimas décadas se observa que la gran obra lírica de Dotel Matos ha sido ignorada, así como también muchos alumbramientos de otros excelentes poetas dominicanos.

Aquello no es una exclusión inocente. Ni es fruto de la ignorancia de algunos antólogos, sino más bien es el resultado de ese sedimento fijo de la mediocridad y de la envidia que permea el mundillo literario criollo.

Ya lo escribió Dotel Matos, tal vez sin proponérselo, y sólo porque él está muy por encima de esas nimiedades en las que otros regodean sus espíritus liliputienses: “No quiero tener relación con sobras ni llantos. /Soy un deseo sin proporción, un turno, un reflejo, un pesar social, una piedra huérfana.”2

Pero la verdad monda y lironda es que al analizar la poesía social del profesor Héctor Dotel Matos se nota el “deseo de hacer llegar su prédica a la conciencia de toda la nación”, para decirlo con palabras de Pedro Henríquez Ureña al resaltar la preocupación patriótica de su madre Salomé Ureña.3

Prueba de lo anterior quedó plasmado en su poema titulado Fraterno a Jacques, que es en sí una elegía a su amigo el poeta haitiano Jacques Viau Renaud, muerto el 21 de junio de 1965, cuando tenía 23 años de edad, mientras defendía en las calles de la ciudad de Santo Domingo la soberanía dominicana ante la soldadesca gringa que hoyaba nuestra tierra.

En 41 palabras y 1 fonema consonante palatal y sonoro resumió el gran poeta sanjuanero un mogollón de sentimientos: “Se ha perdido una luz./Quieta/Sincera/Inmensa/Se ha perdido algo tan grande como la palabra tierra…/Jacques Viau/hace tiempo quiero agarrar la brisa/y mis extremidades no me dejan/Hace tiempo gusta,/que mi palabra es apenas un murmullo./”4

De la lectura del conjunto de su impactante obra de ficción se observa que su quehacer poético ha estado guiado por la zozobrante cotidianidad del pueblo dominicano, como cuando dice: “En este país sin paréntesis/en este país sin semanas/los hombres no deberán callar/ Cuando el trigo se rebele de espigas.”5

En el hermoso poema  titulado Vientos y Presagios, Dotel Matos escribió en el más sublime estilo literario así:

“Murió la fruta de los sueños inveterados fruta del dolor./ ¡Cuánto espanto y tristeza!/Solo el huracán de recuerdos arrecia esta tempestad de recuerdos./Tu poder de aparición, enjabona mi dolor y ese acechar mítico da pasos a nuestros corazones.”6

 Docente

El catedrático Héctor Dotel Matos dejó su fama reconocida de hombre versado en los temas de su especialización en las universidades Autónoma de Santo Domingo, Iberoamericana, O & M, Eugenio María de Hostos, Instituto Tecnológico de Santo Domingo y otros centros de altos estudios.

Miles de jóvenes universitarios, con sus mentes entonces en agraz, aprendieron con él a descubrir los secretos que guardan el derecho penal en sus diferentes modalidades; el derecho civil en sus diversas ramas, la criminología, el derecho internacional (público y privado); el derecho comparado, con sus enriquecedoras fórmulas que permiten descubrir que cada sociedad va creando con su cultura, sus creencias y sus vivencias cotidianas un cuerpo de legalidad que le es propio.

Así también miles asimilaron en sus cátedras las coordenadas del derecho administrativo con su riqueza jurisprudencial y doctrinaria, y las vertientes del derecho comercial con su sólida base de sustentación para el mejor desenvolvimiento de la economía a escala nacional e internacional.

 

Doctrinario y ensayista

El Dr. Héctor Dotel Matos ha publicado una amplia gama de ensayos jurídicos que lo convierten en uno de los más fecundos doctrinarios dominicanos.

Antes de que en el país se promulgara la Ley 136-03, que contiene el código para el sistema de protección y los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes, ya él había escrito sus ensayos sobre las infracciones legales en el ámbito de ese segmento de la sociedad.

Con gran despliegue didáctico divulgó entre sus alumnos y lectores en general sus opiniones con relación a los antecedentes históricos de los organismos judiciales de prevención que tratan el tema precedente, tanto en la República Dominicana como en muchos otros países.

Abordó con maestría la infracción juvenil y la violencia, las pandillas juveniles y sus motivaciones. Al penetrar a la etiología de esa problemática que afecta a todas las sociedades del mundo ha escrito desde los trastornos orgánicos hasta las desuniones familiares como causas generadoras de actos reñidos con las leyes que surgen de ese veleidoso segmento de toda sociedad.

Dotel Matos fue uno de los doctrinarios pioneros en el país en clarificar que el derecho administrativo va más allá del simple derecho de la administración.

En su ensayo Evolución histórica del Derecho Administrativo amén de analizar puntos sensitivos sobre la corrupción, la responsabilidad administrativa y las infracciones penales de índole personal cometidas por empleados gubernamentales, también desmenuza las raíces del sistema contencioso administrativo, las cuales brotaron de los códigos franceses.

Ha sido muy importante la participación doctrinaria del profesor Dotel Matos en la Jurisdicción de lo contencioso-administrativo. Es válido decir que esa rama del Derecho, tal y como lo explica la profesora Cosimina Pellegrino Pacera, tiene tres ejes centrales de los cuales surgen ramas periféricas: “a saber el órgano, la materia y el procedimiento.”

Como criminólogo de altos vuelos el profesor Dotel Matos ha sabido penetrar el escalpelo de la investigación en la sociedad dominicana, lo cual le ha permitido explicar extensamente los múltiples factores que inciden en la delincuencia que desde hace mucho tiempo campea por sus fueros a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Pero él no se ha limitado a lo anterior, sino que también ha expuesto sus opiniones para prevenir esa llaga social, y el tratamiento multidisciplinario que es necesario aplicar para enfrentarla con niveles satisfactorios de éxito.

De igual modo es pertinente decir que el profesor Héctor Dotel Matos ha escrito ensayos enjundiosos sobre el crimen globalizado, analizando más de 40 aspectos y variantes que convergen en el mismo.

Su doctrina criminológica le ha permitido exponer sobre la sexopatía, el incendio criminal, los criminales suicidas, la victimología, el sicariato, el nepotismo, el suicidio pasional, el incesto y la marginalidad.

A su interés como exégeta jurídico no se ha escapado la controversial eutanasia. La ha abordado con gran lucidez, a la luz de la criminología.

Una de las más formidables demostraciones de la laboriosidad intelectual del profesor Héctor Dotel Matos son sus libros titulados Poesía Reunida, Paréntesis, Ensayos criminológicos, Introducción al estudio de la criminología, Niños o menores infractores de la ley, Introducción al Derecho Penal, La Justicia contenciosa administrativa dominicana, Manual de Derecho Penal General y Procedimiento Penal, Panorama del Crimen, Las infracciones penales ante el Tribunal de Tierras y otros.

Bibliografía:

1-La Narrativa Yugulada. Impresora Alfa y Omega,  1981.Pp16 y 21.Pedro Peix.

2-Frustración (poema).Héctor Dotel Matos.

3-Obras completas. Tomo II. Estudios literarios.P111.Editora Universal, 2003. Pedro Henríquez Ureña.

4-Fraterno a Jacques (poema).Héctor Dotel Matos.

5-País sin paréntesis (poema).Héctor Dotel Matos.

6-Vientos y presagios (poema).Héctor Dotel Matos.

Publicado 7-noviembre-2020.Diario Dominicano.

 

 

 

 

 

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

SÁNCHEZ, DUVERGÉ Y MANOLO

 

MAGNICIDIOS EN R.D. (y IV) SÁNCHEZ, DUVERGÉ Y MANOLO

 

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

 

 

Francisco del Rosario Sánchez

 

Francisco del Rosario Sánchez del Rosario forma junto con Juan Pablo Duarte Diez y Matías Ramón Mella Castillo la trilogía de los Padres de la Patria. Otros ilustres dominicanos también tienen dimensiones proceras, cuya evocación es de justicia resaltar permanentemente.

Sánchez, nacido en la ciudad de Santo Domingo el 9 de marzo de 1817 y asesinado  el 4 de julio de 1861 en San Juan de la Maguana, tuvo el mérito y la dicha histórica, para prez de su memoria, de ser uno de los fundadores de la sociedad secreta La Trinitaria, cuna de la Independencia Nacional.

Sus condiciones excepcionales de guerrero y organizador le permitieron dirigir la lucha separatista cuando Juan Pablo Duarte, luego de evadir una tenaz persecución en su contra, pudo salir del país en el 1843.

Sánchez, con palabras y con hechos, siempre reconoció la prevalencia de la figura de Juan Pablo Duarte ante los demás independentistas, a pesar de que algunos en un evidente exceso lanzaron al aire la peregrina idea de que él lo superaba en méritos.

Le correspondió ser el primero en proclamar a Duarte como Padre de la Patria. Lo hizo in absentia del patricio, que entonces estaba exiliado en Curazao. Fue en la Puerta del Conde, a las tres de la madrugada, horas después de producirse el trabucazo redentor de Mella en la Puerta de la Misericordia.

Ese tributo es un ejemplo más que ha permitido con el paso del tiempo sostener que Sánchez mantuvo invariable su visión respecto al esplendor de la figura de mayor proceridad que encarna Duarte en la historia dominicana.

El 15 de marzo siguiente, obviamente inspirado en la previa alabanza de Sánchez, el prelado Tomás de Portes e Infante, entonces Vicario General de la Arquidiócesis de Santo Domingo, al recibir a Duarte en su retorno del exilio, lo saludó jubilosamente diciéndoles a los presentes “Salve el Padre de la Patria.”

En una etapa tan convulsa como la que siguió a los acontecimientos del 27 de febrero de 1844 no todos los pasos de Sánchez fueron lineales, pues hizo algunos meandros casi obligatorios con las fuerzas conservadoras que controlaban los poderes de la naciente República.

No obstante algún zigzag, coyuntural y por táctica obligatoria, en lo fundamental Sánchez mantuvo inconmovible, hasta el momento postrero de su vida, su fe en los destinos nacionales. Eso es lo que vale como sustancia de su itinerario vital en favor de las mejores causas para el pueblo dominicano.

Francisco del Rosario Sánchez del Rosario entró al largo martirologio de los dominicanos que ofrendaron sus vidas en la etapa en que el país había perdido su soberanía luego de que un grupo de renegados encabezados por Pedro Santana decidió matar y sepultar la República Dominicana.

La posición anti anexionista de Sánchez comenzó meses antes de que se materializara el macabro acto de la Anexión. Estaba enfermo y postrado en la pequeña y hermosa  Charlotte Amalie, la población principal de la isla caribeña de Saint Thomas. Con “carencia de todo recurso para sostenerse.”

Manuel Rodríguez Objío dice, en su obra Relaciones Históricas sobre la Guerra Restauradora, que cuando fue a visitar a Sánchez en su exilio de Saint Thomas este le habló “en el idioma del amigo, del padre y del patriota inspirado. Es preciso, me dijo, que cooperes a evitar esa Anexión vergonzosa que no es sino una traición infame manejada por Santana y sus esbirros.”1    

Antes de cumplirse tres meses de que las tropas españolas ocuparan el país, arriando  el pabellón tricolor dominicano e izando la bandera del reino de España, Francisco del Rosario Sánchez penetró al territorio nacional a luchar por la restauración de la soberanía vendida por Pedro Santana y sus secuaces.

Cuando finalizaba el mes de mayo de 1861 el patricio y mártir Sánchez entró por Hondo Valle, en la frontera con Haití. Estaba acompañado de otros patriotas que por su número formaban lo que en el argot militar se denomina una unidad con categoría de Sección.

Son de larga narración los hechos entonces ocurridos en torno a la expedición libertaria de referencia, la cual incluía los combatientes que encabezados por el General José María Cabral penetraron por la tierra fronteriza de Comendador y el General Fernando Tabera, quien debía apoderarse de Neiba. Sobre eso he hecho otros comentarios en este mismo espacio, a los cuales remito a quienes tengan interés en más detalles.

Sánchez  fue  gravemente herido y capturado, por un acto de traición, en un lugar llamado Los Guineos, en territorio de El Cercado.

Fue llevado a la ciudad de San Juan de la Maguana, donde se produjo su magnicidio la tarde del 4 de julio de 1861, luego de que el día anterior hicieran un juicio carente de sustento legal.

Junto a Sánchez fueron asesinados más de 20 otros patriotas que luchaban por la Restauración de la República Dominicana. Paradojas del destino, el fuego criminal que segó la vida de esos valientes salió de fusiles accionados por dominicanos anexionistas.

El responsable de esa hecatombe fue Pedro Santana, quien en la ocasión actuaba al servicio de la Reina de España, como Capitán General de la neo colonia.

Era él quien desde Azua movía los hilos de la muerte violenta de Sánchez y sus compañeros de lucha patriótica. Los Mártires de San Juan los fueron por su macabra decisión. Ni siquiera los santanistas más tercos se han atrevido a negar la decisiva participación de ese caudillo en los hechos referidos.

El 4 de julio de 1861 el vendepatria que luego sería revestido con la pompa del Marquesado de Las Carreras llevó al más alto nivel su ánimo criminal, incluso contra la voluntad de experimentados oficiales españoles que consideraron que no era prudente cometer esa masacre cuando todavía las tropas españolas ni siquiera tenían pleno dominio del escenario bélico.

Un hombre tan cruel como el General José de la Gándara Navarro confirmó que los crímenes de Sánchez, y los demás patriotas que con él murieron, fueron obra de Santana.

En su libro Anexión y Guerra de Santo Domingo el político y militar aragonés expuso sobre eso, entre otras cosas, lo siguiente: “Se les sujetó por orden de Santana a un sumarísimo e irregular procedimiento y fueron fusilados el 4 de julio, contra la opinión y las reclamaciones escritas del Brigadier Peláez que pasó quizás los límites de la subordinación…”2

 Tal vez la muerte de Sánchez (que tenía 44 años de edad), y demás héroes que pagaron con su vida el amor a la Patria, fue el punto de partida para que tiempo después se produjera el Campo de Agramante en que terminó el vínculo entre Santana y las autoridades españolas de la Anexión.  

El Congreso Nacional, al ponderar la pertinencia de honrar la memoria de Sánchez y los demás mártires del nefasto día en que fueron abatidos,  resolutó  en  su sesión del 19 de junio de 1889 lo siguiente: “Único: Se declara solemnemente Día de Duelo Nacional el 4 de julio de cada  año, conmemorándose esta fecha el 3 del mismo mes.” Ocho días después el Poder Ejecutivo emitió el Decreto de promulgación de esa decisión congresual.3

El 6 de julio del año 1889 el Vicepresidente de la República, Manuel María Gautier, pronunció un discurso con motivo de la proclamación del referido Día de Duelo. Explicó que estaban congregados, como muchos otros en otros lugares del país: “para rendir parias a vuestro patriotismo y mantener vivos en el corazón de los que aún os sobrevivimos y en la generación del porvenir, el ejemplo de vuestras virtudes cívicas y el reflejo de vuestras glorias. Paz, honra y gloria a vuestros manes.”4

  Esa recordación de duelo nacional se mantuvo durante 54 años, hasta que el 28 de abril de 1943 una ley suprimió el referido decreto de 1889.

 

 

Antonio Duvergé Duval

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         El magnicidio de Antonio Duvergé Duval se produjo el 11 de abril de 1855. Fue en el cementerio de El Seibo, pueblo del oriente del país donde llevaba 6 años confinado en condiciones de total precariedad y consumiendo su genio militar en forzada pasividad.

Los registros históricos consignan que el cadáver del adalid de mil batallas en el largo tramo de consolidación de la independencia nacional fue cobardemente profanado por su principal verdugo. Santana, con músculos faciales tensos por el hecho execrable que había dirigido, le dio varias patadas.

El  polifacético poeta sanjuanero Víctor Garrido plasmó en letras sentidas, para que no quedara en el olvido, esa acción del general Pedro Santana frente al cadáver del héroe y mártir cuya leyenda histórica se aproxima al nivel homérico.

En su obra poética titulada Romance de Antonio Duvergé escribió: “Cuando el héroe legendario/cayó bajo el tiro negro/el dictador sin entrañas/se apersonó al cementerio/donde a pie firme aguardaba/el pelotón carnicero./Con irónica sonrisa/ pateó al rival, en silencio/y se alejó del recinto/en su caballo bermejo.”5   

Junto a Duvergé también fueron fusilados el fatídico día 11 de abril de 1855 (en el pueblo natal de Manuela Diez) su hijo veinteañero Alcides, así como el luchador independentista Tomás de la Concha, novio de la heroína Rosa Protomártir Duarte Diez, hermana de nuestro principal patricio, a quien ella inspiró para que escribiera sobre la cruel muerte de su prometido; brotándole de su congoja a Juan Pablo Duarte esta estrofa “de alta poesía”:

“Pensé cantar mi desventura impía/y airado, el numen se negó a mi intento; /pensé cantar y en la garganta mía/opreso el canto se trocó en lamento.”6   

La realidad incontestable es que la vida de Antonio Duvergé Duval está enmarcada con el brillo de la proceridad, por el rol principal que tuvo en muchas de las batallas que libró el pueblo dominicano en armas contra los invasores haitianos que pretendían ocupar de nuevo el país después que fueron expulsados a partir del 27 de febrero de 1844.

Sobre uno de los resonantes triunfos de Antonio Duvergé Duval, ocurrido el 17 de abril de 1849 en un altozano azuano, escribió el historiador Ramón Marrero Aristy lo siguiente: “El Número fue el primer revés que rompió el sortilegio de los avances y las victorias fáciles de los haitianos, habituados ya a empujar a un ejército defensor que, pareciendo fuerte en su estructura, se disolvía inexplicablemente cada vez que se le sometía a la prueba de un ataque.”7  

“En la frontera, como avanzada ventajosa estaba una gigantesca personalidad de acrisolado patriotismo y entereza personal legendaria: el general Antonio Duvergé.” Así figura descrito en Historia de la Cultura Dominicana, un monumental esfuerzo de investigación de Mariano Lebrón Saviñón.8

El paso del tiempo y el análisis de sus hechos han demostrado que sin ningún resquicio de duda Antonio Duvergé Duval era portador de un criterio militar que Santana envidiaba y era una de las causas eficientes de su fijación criminosa en su contra.

Una prueba de lo anterior es un relato que está en el libro Duarte y otros temas. El comentario se le atribuye a la independentista Dolores Soto, quien ya en los estertores de su muerte dijo que en una reunión efectuada en la villa de Baní Pedro Santana (al parecer buscando alguna equiparación tangencial con Duvergé) le espetó lo siguiente: “Usted es más valiente que yo, pero yo soy más militar que usted.”9   

Antonio Duvergé Duval no solamente era más valiente que Santana, sino también más ducho en el manejo de las armas, y con mayores y mejores atributos militares que su verdugo. Los hechos así lo demuestran. Sus conocimientos de táctica y estrategia militar superaban al que luego vendió la soberanía nacional en la abominable Anexión a España.

Pero como si lo anterior fuera poco hay que resaltar el compromiso indisoluble que Antonio Duvergé Duval tenía con el futuro de la Patria, muy diferente a la actitud disoluta de Santana. No es una apreciación de quien escribe, sino demostraciones del pasado que constan en las páginas amarillas de la historia dominicana.

Francisco Soñé, el combatiente francés que integró las filas del ejército de Napoleón en la batalla de Marengo, avecindado en Azua y participante en enfrentamientos armados en favor de los dominicanos, escribió en sus memorias lo siguiente:

“…cuando Duvergé libraba la batalla de El Número, Santana y sus amigos estaban en fiesta en Sabana Buey con lindas aldeanas de los contornos en un movido baile que duró toda la noche…”10  

Sobre la vibrante personalidad de Antonio Duvergé Duval escribí hace 3 años algo que creo es importante reiterar ahora, por corresponderse a la verdad: “La hoja de ruta de su vida permite decir de él que poseía en demasía los atributos de un centurión…Al analizar los combates en los que él participó de manera decisiva se comprueba que su genio militar iba a la par con su siempre reconocida bravura. En valles y mogotes, entre monterías y matorrales Duvergé acumulaba en cascada triunfos tácticos que concluían en victorias estratégicas.”11

El primer encausamiento judicial contra Duvergé lo ordenó Santana en el 1849.Era una acusación monstruosa. Por el ambiente enrarecido que existía para aquella época no es descartable que el fiscal fuera presionado por el espadón presidencial de la fecha para que concluyera pidiendo la condena del héroe; pero ante el apabullante impacto de la verdad de los hechos concernidos al caso lo que ocurrió fue que el acusador, en una actitud gallarda, terminó solicitando el descargo del acusado, como en efecto ocurrió.12 

 

El abogado de Duvergé en esa ocasión fue el prócer Félix María del Monte, gran defensor y dramaturgo que ponía el acento histórico en sus obras teatrales de carácter dramático. En esa farsa de juicio lo llamó “el Catón del Sur”, en obvia referencia a Marco Porcio Catón, el Joven, el legendario romano de Útica.

Esa vez se impuso el descargo, pero como el juicio era una pura pantomima Santana decidió confinar a Duvergé en El Seybo hasta que 6 años después le armó otra acusación ante un tribunal formado por caricaturas de endriagos que formaban parte de su corte de matones y entreguistas.

En la ocasión se produjo su condena a muerte. En un régimen de fuerza encabezado por un hombre de mentalidad montaraz como Santana los argumentos y epifonemas jurídicos no tenían ningún valor.

Esos crímenes, que quisieron justificarse con una decisión judicial ordenada de antemano por el déspota nacido en el poblado de Hincha y dueño de grandes hatos en el Seibo, permiten recordar que más de cien años después James Baldwin, un escritor estadounidense de reconocida fama, escribió algo que se ajusta perfectamente a lo vivido el 11 de abril de 1855 en la comarca oriental de la Cruz de Asomante y de calles onduladas: “La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia.”

 

Manolo Tavárez Justo

 

Manuel Aurelio Tavárez Justo nació en Montecristi el viernes 2 de enero de 1931, cuando ya la República Dominicana estaba bajo las garras de un régimen de fuerza bajo el cual él tuvo que vivir sus primeros 30 años.

Las comodidades materiales que podía proveerle su familia no lo convirtieron en un ser indiferente a la situación económica y política de su pueblo natal y de su país. Al contrario, desde la adolescencia fue tomando conciencia de la dura realidad en que vivían los dominicanos. Fue forjando en su interior el compromiso de luchar, como lo hizo luego, por la libertad.

La unión matrimonial y la coincidencia de ideales revolucionarios que tuvo con Minerva Mirabal fueron la más sólida fragua para moldear su lucha en favor del oprimido pueblo dominicano.

La extraordinaria, inteligente y valiente Minerva se convirtió en una potente inyección para vigorizar sus ideales redentores. El asesinato de ella, sus hermanas Patria y María Teresa, y su chofer Rufino de la Cruz, ocurrido el 25 de noviembre de 1960, fue para él un acicate para no desmayar jamás en sus propósitos patrióticos.

Manuel Aurelio Tavárez Justo fue en su época el más prominente líder político de una parte considerable de la juventud criolla. Su magnética personalidad simbolizaba, en los primeros años de la sexta década del siglo pasado, los más puros ideales de bien común para el pueblo dominicano; después de más de 30 años de opresión y tiranía.

El 10 de enero de 1960, con la dictadura de Trujillo todavía en pie, se fundó en un lugar rural llamado Guayacanes, dentro del municipio de Mao, provincia Valverde, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio. Manolo fue escogido como presidente de la directiva de esa audaz entidad de origen patriótico, cuyo principal objetivo era enfrentar con las armas al nauseabundo régimen que llevaba 30 largos años cometiendo tropelías en todo el país.

El jurista Rafael Valera Benítez, en la obra Complot Develado, recoge más ampliamente el resultado de aquella asamblea embrionaria: “El Comité Central quedó mientras tanto integrado por el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, en calidad de Presidente; Rafael Faxas Canto, como Secretario; ingeniero Leandro Guzmán, Tesorero; y los demás asistentes fueron nombrados vocales.”13   

Dos días después de aquella intrépida reunión de gran envergadura política, por las circunstancias imperantes en el país, Manolo fue apresado y sometido a crueles torturas en varias cárceles. Esos vejámenes contra su persona no disminuyeron su decisión de no cejar hasta ver caer la tiranía. Su figura se elevaba cada día más entre sus seguidores presos, perseguidos o clandestinos. No saldría de la prisión sino poco después de la histórica noche del 30 de mayo de 1961, cuando Trujillo fue abatido por plomo heroico.

El 30 de julio de 1961 Manolo fue confirmado como líder de la organización (entonces renombrada como Agrupación Política 14 de Junio) cuyo nombre era en memoria a los héroes y mártires que llegaron al país el 14 de junio de 1959 y días siguientes para combatir sobre el terreno al nefasto régimen que había comenzado en el lejano 1930.

Si alguien albergaba alguna duda sobre la determinación de Manolo de luchar por crear una sociedad donde prevaleciera la libertad y la justicia ella quedó despejada cuando en un vibrante discurso, que pronunció en el Parque Independencia, en la capital dominicana, el 14 de junio de 1962, dijo entre otras cosas, lo siguiente:

“El 14 de Junio sabe muy bien donde están las escarpadas montañas de Quisqueya, y a ellas iremos, siguiendo el ejemplo y para realizar la obra de los héroes de junio del 59, y en ellas mantendremos encendida la antorcha de la libertad, de la justicia, el espíritu de la revolución, porque no nos quedará entonces otra alternativa que la de libertad o Muerte.”14

 Es importante señalar que el movimiento que Manolo dirigía no tenía simpatías iniciales con Bosch, pero él comprendió rápidamente la pertinencia de apoyar las iniciativas de carácter social emprendidas por el breve gobierno que aquél encabezó.

En el segundo tomo de Personajes Dominicanos Roberto Cassá pone este ejemplo que refuerza lo que señalo en el párrafo anterior: “En una conferencia pronunciada en Padres Las Casas, a escasos días de Bosch llegar a la presidencia, Tavárez Justo hizo el sorpresivo anuncio de que el 14 de Junio apoyaría las medidas del nuevo gobierno tendentes a favorecer los intereses populares.”15  

Dentro de la agrupación política que Manolo Tavárez  lidereaba había divergencias con relación a iniciar una guerra de guerrilla contra los golpistas que usurpaban el poder luego de derrocar al gobierno constitucional de Juan Bosch. Unos consideraban que no existían condiciones para ello y otros, como el mismo Manolo, sostenían lo contrario. Así comenzó el descenso prematuro hacia la tumba el más brillante dirigente político de su generación.

Tavárez Justo dirigió varios frentes guerrilleros que buscaban restablecer la constitucionalidad cercenada por las fuerzas que el 25 de septiembre de 1963 destruyeron los anhelos democráticos del pueblo dominicano.

Muchos de los guerrilleros alzados bajo la dirección directa de Manolo cayeron en la ingenuidad de creerle al Triunvirato que desgobernaba el país su promesa de que iba a respetar la vida de los combatientes que se rindieran.

 Al  izar bandera blanca, por una miríada de factores adversos, sin percatarse de que siniestros personajes criollos y extranjeros eran los que en realidad dirigían las acciones en su contra, entregaron sus valiosas vidas para festín de asesinos desalmados, que los masacraron ya estando ellos inermes.

El magnicidio de Manolo Tavárez Justo se produjo el 21 de diciembre de 1963, en el lugar denominado Alto de la Diferencia, cerca del poblado de Las Manaclas, en la jurisdicción de San José de Las Matas.

El eminente historiador y ex guerrillero Emilio Cordero Michel, preso en la Solitaria No.9 del Palacio de la Policía Nacional, le dirigió desde allí el 27 de diciembre de 1963 una carta al director del periódico Listín Diario, Rafael Herrera (quien no la publicó) en la cual desmintió la infundada noticia propalada por el gobierno de facto en el sentido de que Manolo Tavárez Justo y varios de sus compañeros de lucha murieron en combates con las fuerzas militares desplazadas en esa zona montañosa del país, con motivo del alzamiento guerrillero de la organización política 14 de Junio.

Así de contundente fue Cordero Michel: “Manolo Tavárez y 14 compañeros fueron asesinados por las tropas de la Aviación. Desde una solitaria de la cárcel del Palacio de la Policía acuso al Gobierno y a los militares de San Isidro de la muerte de esos compañeros.”16

 

En su obra Vivas en su jardín, Dedé Mirabal, quien fuera su cuñada y única de las cuatro hermanas Mirabal Reyes que sobrevivió a la tiranía trujillista, dice de Manolo Tavárez Justo lo siguiente: “Manolo fue un líder de gran carisma que aglutinó a todo el pueblo dominicano. Irse a la montaña fue cumplir un compromiso con su pueblo, y yo diría que con sus compañeros. Tomó la decisión consciente de que le costaría la vida.”

Al describir el cadáver de Manolo doña Dedé expresa que: “En la cabeza, cerca de la frente, tenía la quemazón de una bala. Estaba sin camisa; conservaba el pantalón, pero roto. Era un coladero de balas. Tenía heridas de bayoneta por varias partes. Lo mataron con saña.”17

La amplitud de miras que caracterizaba al doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, de cara a la libertad y el bienestar del pueblo dominicano, quedó demostrada tanto en sus discursos y diálogos como en sus actuaciones durante el trujillato y también ante los golpistas que el 25 de septiembre de 1963 cercenaron nuestra incipiente democracia.

La siguiente expresión suya lo pinta como lo que era, un patriota de pies a cabeza: “Esta lucha no la hace un hombre ni un grupo de hombres. Es la lucha del pueblo y todo el pueblo, en diversos grados, debe participar en ella para que el triunfo sea el fruto del esfuerzo común.”18

Bibliografía:

1-Relaciones históricas sobre la guerra restauradora. Editora Montalvo, 1951. Manuel Rodríguez Objío.

2-Anexión y guerra de Santo Domingo. Tomo I, libro tercero, capítulo I. Pp 204-207. José de la Gándara Navarro.

3-Decreto del 27 de junio de 1889.M.M. Gautier, Vicepresidente de la República en ejercicio de la Presidencia.

4-Discurso.6 de julio de 1889. Manuel María Gautier. Vaciado en la obra titulada  Acerca de Francisco del Rosario Sánchez. Editora Taller,1976.P216.Editor Emilio Rodríguez Demorizi.

5- Romance de Antonio Duvergé. Poesías completas, Argentina,1954. Víctor Garrido.

6-Primera estrofa de un poema de Duarte. Vaciada en Historia de la Cultura Dominicana. Editora Amigo del Hogar,2016.P200. Mariano Lebrón Saviñón.

7- La República Dominicana. Origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de América. Editora del Caribe,1957.Ramón Marrero Aristy.

8-Historia de la Cultura Dominicana. Impresora Amigo del Hogar, 2016.P 216. Mariano Lebrón Saviñón.

9-Duarte y otros temas. Editora del Caribe, 1971.P340. Alcides García Lluberes.

10-Memorias de un capitán de artillería de los ejércitos napoleónicos. P91.Francisco Soñé (Francois Sogne.)

11- El Suroeste Dominicano, su franja más al Sur. Impresora Amigo del Hogar, 2017.P197.Teófilo Lappot Robles.

12- Sánchez, defensor público. Revista Clío No.71, julio-diciembre. Pp 94-103.Año 1945. Emilio Rodríguez Demorizi.

13-Complot develado. Segunda edición. Impresora Mediabyte, 2005. P206. Rafael Valera Benítez.

14-Discurso.14 de junio de 1962.Discursos Políticos (1961-1963). Editorial Santo Domingo, 2006.Manolo Tavárez Justo.

15-Personajes dominicanos. Tomo II. Editora Alfa y Omega, 2013. P428. Roberto Cassá.

16- Carta al director del Listín Diario, Rafael Herrera. 27 de diciembre de 1963. Emilio Cordero Michel.

17-Vivas en su jardín. Editora Corripio, 2009.Pp216 y 217. Dedé Mirabal.

18-Fragmento de discurso de Manuel Aurelio Tavárez Justo. Obras escogidas. Ensayos I. Editora Corripio, 2015.P42. Emilio Cordero Michel.

-Fusilamiento de Sánchez.LD.27 de julio de 1926. Cayetano Armando Rodríguez.

-La guerrilla del decoro. Editora Taller, 1994. Rafael Chaljub Mejía.

-Movimiento 14 de junio. Historia y documentos. Editora Búho, 2007.Recopilador Tony Raful.

-Diccionario biográfico-histórico dominicano. Editora UASD, 1971.Rufino Martínez.

-El centinela de la frontera. Impresora Centeno. Segunda edición, 1974. Joaquín Balaguer.

Sánchez (biografía). Editora Montalvo, 1947.II volúmenes. Ramón Lugo Lovatón.